-No, no llames- le dije antes de que si quiera cogiese el móvil.

-¿Qué?  ¿Y qué quieres hacer?

-Unos metros más abajo había una casa, quizás podemos investigar a ver qué tal. 

Erick resopló y me miró. Sabía que no me podía negar nada y no lo hizo. Aceptó y comenzamos nuestro camino no sin antes dejar un cartelito en el coche que decía: "Estoy averiado, mis dueños están buscando ayuda. No se preocupen :)" Lo de la  carita había sido obra mía. Quizás así alejábamos a los curiosos. 

Erick agarró mi mano mientras caminábamos y yo miré hacia estas casi incrédula pero totalmente feliz. Sí, era mayor que yo, como... unos ocho años y cada vez que me tocaba en un sitio no demasiado accesibles para otros estaba cometiendo un crimen pero no me importaba, en realidad a ninguno de los dos nos importaba.

Pudimos divisar la casa, no daba la impresión de que ahí viviese alguien lo que me hizo dibujar una sonrisa en mi rostro.

-¡Genial! Seguro que no hay nadie viviendo ahí- dijo con un tono enfadado y separando nuestras manos.

-Yo nunca dije que pareciese habitada- le dije con un tono de burla y volviendo a entrelazar nuestros dedos.

Erick alzó una ceja y me miró de esa manera que hacía que todo mi cuerpo se encendiese. Deseo era lo que había en su mirada y seguro que en la mía también.

Empecé a correr hacia la casa, tirando de él. Erick corría conmigo, riendo y abrazándome de la mejor manera que podía. No tardamos en llegar a la casa, descubrimos que ni siquiera la puerta estaba cerrada, de hecho estaba algo rota y se podía ver el interior de la casa en el lugar donde debería haber un pomo. 

Entramos y no esperé no un segundo más. Le besé, le besé con todas mis ganas con el deseo que sentía. Pegué nuestros cuerpos y él me atrapó entre sus brazos ya no podía salir de ahí y no me preocupaba si nunca podría escapar, se sentía demasiado bien como para si quiera intentar luchar contra eso. 

-Joder- dijo separándose medio milímetro de mis labios-Te deseo. Desde el mismo minuto en el que te vi supe que tenías que ser mía y que lucharía hasta conseguirlo o morir en el intento.

-Hablas demasiado y actúas poco. 

Por todas respuestas volvió a besar mis labios con más pasión que antes, con uno sentimientos inexplicables e incontrolables que nos llevarían a la ruina si nos quedásemos de pie, parados, en la entrada de la casa.

Subir las escaleras                                                                                                            Dirigirse al salón

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