Tras las estanterías ~ Parte 4 (Final)

miércoles, 19 de julio de 2017

Conforme subían las escaleras del piso, su corazón iba latiendo cada vez con más fuerza. Él iba por delante de ella, guiando todos y cada uno de sus pasos. Dejaba que la bolsa en la que llevaban los gofres se moviese con cierto ritmo y alegría. Sí, parecía bastante feliz. ¿Pero ella? Ella estaba totalmente atacada. Jamás, y cuando decía jamás era jamás, había entrado en la casa de un chico. Los primos y los hermanos no contaban.

El joven se detuvo delante del número 24. Buscó en el bolsillo de su pantalón y sacó las llaves que resonaron, felices de por fin servir de utilidad. La puerta se abrió y él entró, secándose los pies en el felpudo que decía algo así como “bienvenido”. Angélica se quedó totalmente paralizada. Desde su posición podía ver el salón de la casa: un sitio pequeño pero muy cuco a decir verdad. Había un sofá de color crema de dos plazas y varios sillones del mismo color. Una gran estantería se postraba frente a estos. No había televisión alguna. También, desde donde estaba, podía apreciar la cocina diáfana que conectaba con el salón con una pequeña ventana para poder conversar con los invitados.

Jaime dejó las bolsas sobre la encimera de la cocina y la miró desde allí. Una sonrisa se formó en su rostro y Angélica se aferró aún más a su pequeño bolso. No, no podía hacer aquello. Si daba un solo paso más, estaría sentenciandose a una muerte segura. No conocía demasiado a Jaime, ¿y si era un asesino en serie? ¿Un secuestrador de jóvenes? No podía ni imaginarlo…

─No se quede ahí. Vamos, entre.  Juro que no muerdo.

Seguro que sí. No se fiaba de sus palabras. Entonces, si no se fiaba, ¿cómo era que sus pies se movían y estaban entrando en el pequeño piso? ¿Cómo era que su mano se dirigió a la puerta y la cerró tras sus espaldas? No, no. Angélica debía de haber perdido el juicio en aquel mismo instante.

─ Puede dejar la chaqueta en el perchero. Póngase cómoda, como si estuviera en su casa─ le dijo él mientras cogía platos y vasos de un estante que no llegaba a ver.

Como en casa” eso era fácil de decir. Dejó el bolso y la gabardina sobre el perchero y se aventuró a acercarse a la estantería. Sonrió al ver los diferentes títulos de los libros. Paseó su vista por ellos y se hizo una lista de cuáles había leído y cuáles no. Se detuvo ante uno con la tapa azul marino, unas letras doradas sobresalían en el lomo. Paseó sus dedos por el título y cerró los ojos, sintiendo la suavidad del mismo. Aquel libro le llamaba, lo sabía.

─ Ya veo que se ha fijado en ese…─ la voz de Jaime le asustó e hizo que se girase bruscamente. A punto estuvo de tirar una taza de leche. El joven se la ofreció─. ¿Le interesa? Puedo prestárselo si quiere.

─N-no, no hace falta─ agachó la cabeza y miró cómo el líquido se movía formando perfectas ondas.

─ En serio, puede llevárselo. Nunca hay que decir que no a un libro que le llama. Ya me lo devolverá.

Ahí tenía que darle la razón a Jaime. Se acercó a él, quien ya se había sentado en el sofá, y se unió para probar el gofre que habían comprado.  Estaba bastante bueno a pesar de que estuviera un poco frío. No le importó. Ambos comieron en silencio, no era un silencio que se necesitaba cortar en cualquier momento. Todo lo contrario. El silencio era de lo más cómodo y ella lo agradecía; le ayudaba a pensar con mayor claridad. Sin embargo, Angélica ignoraba todas y cada una de las miradas que Jaime le dedicaba, estaba demasiado absorta en su mundo.

─ Estaba rico, ¿no?─ dijo Jaime por fin, echándose sobre el respaldo del sofá. Ella asintió, sus músculos se tensaron y no se atrevió a mirar al joven─. Muchas gracias por lo de esta noche. Jamás pensé que… bueno que usted iba a aceptar una cita conmigo.

─ No hay de qué. Lo he hecho porque se lo prometí, nada más.

─Una pena, ¿no?

El joven se volvió a sentar correctamente, colocándose más cerca de ella. Su mano buscó la de la joven pero ella intentó que aquello no ocurriera. No podía ni mirarle, como para hacer contacto físico con él.

─ ¿Por qué es una pena?─ preguntó ella un poco curiosa.

─ Creí que se lo había pasado bien─ Jaime intentaba encontrarse con los ojos de Angélica.

─ Oh, no me malinterprete, me lo he pasado bien. Muy bien de hecho.

─ Eso creía…

La mano de Jaime se colocó sobre la mejilla de Angélica y, suavemente, fue bajando hasta toparse con su barbilla. La forzó levemente para que ella girase su cabeza. Por fin sus ojos se encontraron. Angélica reprimió un leve quejido. No quería. Aquello no podía estar pasando. Él la manejaba a su voluntad. ¿Por qué no podía rebelarse ante aquel acto? Ella no era así de débil… Nunca lo había sido. Nunca se había comparado con las jóvenes estúpidas que se dejaban mangonear por los chicos chulos y lo colocaba en un pedestal. Entonces, ¿por qué no le paraba los pies? Algo dentro de ella le decía que debía probarlo que, por una vez en su vida, debía ser normal, como el resto del mundo.

Sus labios se rozaron. Podría ser… ¿había sentido algo? No, no, solo era su piel cálida sobre la suya, nada más. Se separó rápidamente, no podía permitir que aquello durase ni un segundo más. Sus mejillas se habían enrojecido y no quería mirarle de ninguna manera. Se negaba a seguir con aquella farsa.

─ ¿Qué ocurre?─ preguntó él, suavemente, colocando su mano sobre el hombro de la joven. Se le notaba algo preocupado.

─ N-nada. Yo… yo no puedo seguir con esto.

─ ¿He- he hecho algo mal?─ siguió preguntando, esta vez su mano estaba sobre su rodilla para que no pudiera levantarse.

─ No, usted es… encantador.

─ ¿Entonces?─ ahora una de sus manos pasaba por detrás de su cuerpo, lista para atraparla si deseaba escapar.

─ Solo quiero irme─ le exigió.

Trató de levantarse pero Jaime tiró de ella para que volviera a su asiento. La calló susurrando que todo estaba bien. Intentó acallarla con besos en el cuello, en las mejillas. Su mano acariciaba su pierna, paseando por ella libremente.

─ Detente por favor─ pero Jaime no hizo caso─. ¡Para!

Le empujó con toda la fuerza que pudo. Él acabó tumbado en el sofá, mirándola con una cara de confusión. Angélica se levantó y se re-colocó el vestido. No sabía por qué pero su cuerpo no quería moverse. Jaime pareció reaccionar.

 ─ ¿Pero qué mierdas te pasa?─ se levantó y extendió sus manos, haciéndose más grande y terrorífico ante los ojos de la joven─. Lo he hecho todo bien. Te he pagado la cena. Te he invitado a mi casa y has aceptado.

─ ¿Y esperabas algo a cambio?─ preguntó con un hilo de voz.

─ Pues… sí─ lo dijo como si fuese algo demasiado evidente.

Se acercó a ella y la  agarró de los brazos apretándolos mientras tiraba hacia él para mantenerla a unos centímetros. Angélica trató de librarse pero ni con todas las energías que tenía lo logró.

─ Solo quiero conocerte más a fondo…─ le susurró sobre su cuello. Un quejido salió de la garganta de Angélica, era lo suficientemente espabilada como para entender que aquella frase tenía doble sentido.

─ Así que todo era mentira─ necesitaba que él se distrajese durante unos segundos para pensar en cómo huir de allí.

─ No todo. Lo de que me gustan los libros era cierto─ le comentó mientras dejaba escapar una sonrisa─. Y lo de que te enamorases de mí.

Angélica frunció sus labios y le pegó un pisotón a Jaime. Este la soltó, quejándose del dolor. Aprovechó para coger el bolso y salir corriendo por la puerta, la cerró. No se detuvo a mirar atrás a pesar de que Jaime salió al pasillo y la llamaba, le pedía que volviera y, al ver que no le hacía caso, comenzó a llamarla de todo menos por su nombre. Ella prefirió no escucharlo.

Salió por fin a la calle y se dirigió a casa. Los minutos que tardaba en llegar le resultaron eternos. Cada hombre era sospechoso, cada grupo era una razón más para acelerar sus pasos.


Por fin, cerró la puerta de su casa y se dejó caer al suelo. Había sido tan estúpida. Había confiado cuando se había prometido que nunca se iba a fiar en una “primera cita” (o lo que hubiera sido eso). Como había pensado; algunos supuestos príncipes resultaban ser más asqueroso que besar a una rana.

2 canciones:

LaCorujaLectora dijo...

Te he nominado a un tag por si deseas hacerlo http://lacorujalectora.blogspot.com/2017/07/tag-under-200-me-han-nominado-desde-el.html?spref=tw

Flashia Keyes dijo...

¡Hola! Mientras iba leyendo quería comentarte algunas cosas como que me gusta como escribes y eso, pero estoy como bloqueada por la angustia que siento en este momento, y aunque no es un sentimiento agradable dice algo muy bueno de tu forma de escribir.

Un abrazo

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