El que salvó mi alma

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Bajó las alas dejando que tocasen el suelo, que arrastrasen por él a la par que sus pies iban hacia delante. Hacía tiempo que habían perdido su color verdadero. Hacía tiempo que ya no era blanco puro. Se habían manchado con el paso de los meses. Ahora era blanco sucio. Sucio. Como su alma. ¿Había dejado de ser lo que era?

De todas formas, nadie podría verlas. Nadie veía el esplendor de sus hermosas alas porque él no lo permitía. A los ojos de los demás, solo era un simple humano. Un humano cubierto de sangre.

Notaba cómo el líquido caía de su nariz y de su labio, bajando lentamente. Sentía un fuerte dolor en su pómulo izquierdo y en su ojo derecho así como en las costillas y en una de sus piernas. Seguro que su aspecto era patético.

Podía percibir cómo los demás se apartaban a su paso, temiendo que fuese alguien malo. Un ser que había salido del inframundo para robarles, secuestrarles o matarles. Estaban demasiado lejos de la realidad.

¿Cómo había acabado allí? ¿Cómo había dejado que la humanidad lo convirtiera en… eso? Él había sido el ser más perfecto de su raza. Él había estado en lo más alto y ahora, ahora estaba en lo más bajo.

Hizo una mueca al notar cómo alguien pisaba sus alas sin darse cuenta. Dolían. Desde hacía unos cuantos días, estaba sintiendo su peso, como si fuesen unas cadenas que no le dejasen respirar. Era absurdo. Sus alas nunca le habían pesado como ahora. Habían sido ligeras, perfectas. Lo único que deseaba era que se las arrancasen. Dolería mucho pero no veía otra solución diferente.

Y todo había empezado por el único defecto que le caracterizaba: la curiosidad. Él había observado a los humanos desde lo alto. Quería conocer qué pasaban por sus cabezas para iniciar una guerra o para regalar un beso… Quería saberlo y, sobre todo, quería sentirlo.

Alguien como tú no sobreviviría ni dos días”. Uno de sus hermanos había sido tremendamente claro con el tema. Todos se negaron cuando les comentó la idea. Él quería bajar, ver lo que habían creado con sus propias manos y sin ayuda de un ser superior.

Quizá tenían razón. Quizá nunca lo entendería. Él no estaba hecho para ese mundo. Él solo era un “pringado”, alguien que no servía ni para freír patatas en ese sitio de comida rápida. Entonces, ¿por qué seguía allí? ¿Por qué seguía peleando, protegiendo a los humanos de males que ni ellos mismos podrían imaginar? ¿Por qué seguía cubriéndose de sangre día tras día?

A lo lejos vio el restaurante, ese había sido el primer sitio que había visitado al bajar a la Tierra. Suspiró y miró un reloj digital.

Las doce y media. Trece grados. Exposición de autor “Chobasqui” del tres al seis de febrero en el museo de arte contemporáneo. Doce y media”. Fue lo que leyó. Aún era temprano.

Se pasó la manga del abrigo por la cara, intentando limpiar su propio desastre. Pudo ver su reflejo en la ventana de un autobús. Había sido cruel. Había sido egoísta. Estaba empezando a no encontrar el sentido de su viaje ni siquiera de su existencia. Él no era nadie. Él era solo un alma que se había tomado prestado el cuerpo de alguien a quien desconocía. No sabía qué había sido en vida pero había averiguado que no tenía familia ni amigos que lo echasen de menos. Realmente, solo le había hecho un favor.

Cruzó la calle y se acercó con lentitud al restaurante. No sabía por qué las manos le sudaban ni por qué tenía una opresión en el pecho. No lograba entenderlo.

Entró. El restaurante estaba lleno. Se notaba que no era uno de lujo pero tampoco terminaba de ser una auténtica pocilga. Estaba limpio… más o menos. Entonces le vio. Estaba de espaldas a la puerta, con la vista agachada y contemplando la carta. Seguro que no sabía qué quería comer.

Se acercó, a paso lento, como si temiera molestarle. Se sentó enfrente de él, cerrando los ojos y descansando por unos segundos. 

─ Hace tiempo que no sabíamos nada de ti…─dejó la carta sobre la mesa y cruzó los brazos─ ¿Pero qué mierda te ha pasado? ─ parecía preocupado. Realmente preocupado.

─ Esto es un día normal para mí─ le respondió, intentando quitarle importancia.

Abrió los ojos para mirarle. Pudo ver cómo su pelo rubio ceniza estaba un tanto revuelto por el viento de la calle. Su camisa de cuadros rojos y negros se le ajustaba a los brazos y la barba le había crecido un poco desde la última vez que lo había visto. Se sentó como la sociedad humana había decidido que era correcto y se enfrentó a sus ojos esmeraldas que le interrogaban duramente.

El ángel empezaba a comprender que lo que había pensado con anterioridad no era del todo cierto. La humanidad no estaba del todo perdida y aún necesitaba ser salvada. Aunque él no fuese el indicado para ello, lucharía con todas sus fuerzas para defenderla.

─ ¿Estás bien?─ le volvió a preguntar, esperando una respuesta que le satisficiese.

─ Ahora sí─ le dijo y, por primera vez en lo que llevaba de semana, sonrió de verdad.

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Créditos imagen: Celia Ruíz García

Yo también escribo libro ~ Neha

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Este relato pertenece a la nueva sección: Yo también escribo libros. ¿A qué esperas para echarle un vistazo?
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11 años antes de que empiece la historia
El insecto revoloteó por la clase del colegio. Los niños estaban en su momento de descanso y jugaban sin percatarse de los planes del bicho. Estaba exhausto de volar, solo necesitaba un sitio donde reposar por unos segundos. Fijó objetivo y se dirigió hacia él. Ya le quedaba poco, muy poco.

Cassie estaba sentada en el suelo, con los brazos cruzados y mirando fijamente al niño que le había quitado el juguete… SU juguete. A pesar de que había mucho, no quería otro. No le gustaban las sobras. Entonces lo sintió, algo en su brazo. Bajó la vista para encontrarse con el espantoso animal que había decidido descansar allí. Gritó. Gritó y se levantó, agitando el brazo.

─ ¡Quítamelo! ¡Quítamelo!─ pedía mientras los demás se reían de su actitud.

Una mano detuvo el movimiento de su brazo. Miró a la niña rubia que la había detenido. Sus ojos chisporroteaba. Tenía una sonrisa en el rostro y un vaso de plástico en su mano libre. Le pidió silencio, con el poco aire que salió del hueco donde debería haber un diente. Poco a poco fue acercando el vaso hasta el insecto.

─ No. Te. Muevas─ dijo con toda la concentración que pudo.

Atrapó al bicho en el vaso y, antes de que pudiera escaparse, cerró la única salida con un trozo de papel. Cassie la miraba, con los ojos muy abiertos y parpadeando más veces de la que debía. Miró al horrible monstruo a través del vaso de plástico. El ser vivo intentaba salir de allí, se pegaba contra las paredes y descansaba en el papel cuando veía que no lo conseguía.

─ ¿Estás asustado, amiguito?─ le preguntó su salvadora al insecto.

Aquello era una locura. Una niña hablando con un bicho ¡Si eran feos! Tenían esos ojos negros y esa boca extraña. Las patas y las antenas... Solo de pensarlo un escalofrío recorría su espalda.

La chica pedía paso a sus compañeros, ellos se apartaron, sin dejar de mirarla. Todos tenían curiosidad por ver cuál sería su siguiente movimiento. Ella abrió la ventana y colocó el papel y el vaso sobre el alféizar.

─ Ya no te molestarán más aquí─ dijo justo antes de destapar el papel. El insecto voló rumbo hacia la libertad, pensando en la buena suerte que había tenido y en la mala idea que se le había ocurrido─. Ya está.

Hizo un gesto como si se limpiase las manos, como si hubiese sido una tarea difícil. Se acercó hasta Cassie y le sonrió, sentándose en el suelo y atrayendo un puzzle hacia ella.

─ ¿Quieres hacerlo conmigo?

Cassie la miró, con un poco de recelo. Lo cierto era que le había impresionado su valentía y, también, el hecho de que quisiera compartir su juego y su tiempo. No lo dudó más y se sentó enfrente de ella. Le sonrió.

─ Has sido muy valiente─ no vaciló en decírselo─. Yo no habría podido.

─ Solo es un animal. Tenía más miedo él que tú─ la chica se encogió de hombros al ver que Cassie ladeaba su cabeza─. Es lo que siempre dice mi abuela.

─ Pues ahora te debo una─ sacó las piezas de la caja y comenzó a ponerlas boca arriba.

─ Me vale con que seas mi amiga─ le dijo, dejando de ordenar y mirándola.

─ Está bien─ se puso de pie y colocó sus brazos en garra─. A partir de ahora seré tu mejor amiga y nada ni nadie- ni siquiera un bicho asqueroso- podrá separarnos.

─ Vale─ se rio ante esa exageración mientras seguía con su ardua tarea de buscar las esquinas del puzzle─. Soy Neha.

─ Lo sé. Y yo soy Cassie─ volvió a ponerse manos a la obra. Debían acabarlo antes de que volviesen a empezar la clase. 

─ Lo sé.

 Ambas se miraron y sonrieron siendo inconscientes de que un simple bicho había conseguido unirlas y de que ya sería muy difícil separar ese lazo que las mantenía juntas. 
Mientras Cupido Dormía

Te sigo esperando

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Jamás llegarás a entender este dolor. Jamás sabrás qué se siente al ser traicionado por un ser al que amas. Te diría que espero que lo entiendas y que sufras lo mismo pero yo no soy así, esa no es mi naturaleza. 

Lo sé, sé que a veces no me he comportado de la forma más adecuada pero tu mundo y el mío no es igual. Lo siento pero mi moralidad es muy diferente. Aunque empiezo a dudar que tengas algo bueno dentro de ti. ¡Qué estupidez! A pesar de todo, te sigo esperando. 

La lluvia me pilló por sorpresa así que tuve que buscar un cobijo. Me siento en el suelo y miro las gotas de lluvia. Miro cómo las personas entran y salen cargados de bolsas. Me he refugiado cerca del supermercado al que siempre vienes. Espero a que vuelvas. ¡Ahí estás! Ah, no... Me he vuelto a confundir. 

Aun no entiendo por qué me gritaste. Aun no entiendo por qué me pegaste ni por qué me arrastrarse hasta la calle. Ni siquiera te giraste para observarme una última vez o para arrepentirte de lo que estabas a punto de hacer. Y yo allí, mirando cómo te marchabas sin entender lo que hacías. Sinceramente, sigo sin entenderlo. 

No se me olvida: tienes que volver, vas a volver. Lo sé, lo siento en mi interior. Seré capaz de perdonarte porque eres lo más importante que hay en mi vida. Mientras, me dormiré en este frío y húmedo suelo. Despiertame cuando vengas a buscarme. Te prometo que todo va a volver a ser como antes, como los buenos tiempos. Nunca han sido malos en realidad, solo es un pequeño bache. 

Así que, por favor, no tardes. Yo te seguiré aquí, esperándote. 

Atentamente: tu perro


Reputación

miércoles, 30 de agosto de 2017

En la televisión estaban poniendo otra vez ese maldito discurso. El mismo de aquel maldito hombre que me había arrastrado a ese asqueroso lugar. ¿Por qué? Yo debería haber sido su cómplice, no a la que encerraban tras rejas.

YO debía de estar dando ese discurso y no él. El hijo de puta había decidido olvidarse de mí. Se había desecho del peligro que suponía… Había sido una tonta por creerle. Había sido ingenua al pensar que estábamos en el mismo juego, que buscábamos lo mismo.

─ Apaga la puta tele ya─ le dije a uno de los de seguridad.

Él me echó una mirada de advertencia y yo, rápidamente, agaché la cabeza. No me arrepentía pero ¿para qué liarla si iba a salir ya? Estaba a punto… Solo tenía que esperar un par de horas más, hasta que los papeles estuvieran en orden y bien firmados.

─ Lo único que queremos es que haya paz. Los inocentes serán liberados y los culpables encadenados.

Gilipollas. Si el que debería estar entre rejas era él. Me dejó sola, con un cuerpo y con el arma en la mano. ¿Cómo iba yo a saber que había llamado a la policía? ¿Cómo fue posible que mi cuerpo no reaccionara? Oh, claro, estaba en completo shock. Él vio el cuerpo al igual que yo. Él le había hecho eso a la pobre chica. La había destrozado, despedazado. La sangre estaba por todos los lados. Me dio su ropa para que pensaran que quería culparle a él.

─ Tara, ya es la hora.

Me levanté más rápido que nunca. Seguí al segurata hasta la puerta. Allí esperaban mis pocas pertenecías. Sonreí. Sí, por fin era libre. Habían sido tres años angustiosos. Había luchado con uñas y dientes para poder salir de allí antes de que pasaran los años impuestos por el juez. Lo había conseguido y ahora, solo quedaba hacer una gran tontería para volver allí. O no. Quizá todo saldría bien.

Lo que más importaba de todo era esa llave. La llave de su reino. Salí. Llovía. Por primera vez en años, me sentía viva. Estaba preparada. Me habían pedido un taxi. Qué majos lo de la cárcel.

El conductor no podía evitar quitar sus ojos de mí. Quizás era por ser una belleza o porque acababa de salir de prisión. Sí, la segunda opción parecía la más factible. Me dejó en la puerta del trastero. Ese trastero que habíamos pagado los dos, donde planeábamos el futuro. Un futuro de oro para ambos. Pero él había robado mi parte. A ver cómo había cambiado…

Al abrir la puerta fue como volver atrás en el tiempo. Todo estaba lleno de trasto y de polvo. Sin embargo, la mesa roja seguía en el centro. Allí habíamos hablado, comido y fumado. Habíamos hecho todos los planes habidos y por haber. Habíamos sido un buen grupo.

Lo único que parecía ser diferente era ese cuadro de su retrato. Qué asco. Muchos pensarían que era el ser más guapo de la Tierra. Yo discrepaba. Era una cucaracha asquerosa. Una serpiente venenosa… Era de todo menos una persona agradable.

Encontré mi antigua peluca. Seguía como nueva gracias a que yo guardaba las cosas como debía hacerse. Me la puse. El plan era simple, rápido. Aún quedaba solo un par de horas para que todo empezara y a la vez… acabase. Me puse el vestido rojo con escote y las medias. En ella guardé una daga y en otra mi móvil. 

Registré la caja fuerte. Sí, el dinero seguía allí. ¿Es que se había olvidado que ese lugar sagrado existía? Mejor para mí. Sin ese sitio, habría tardado más en reunir todos los objetos que necesitaba.

No podía irme sin hacer una última cosa. Saqué mi daga y rajé el estúpido retrato del hombre que había sido capaz de destruir mi mundo por completo. Salí de allí.

Podía ir perfectamente andando hasta su casa. La veía a lo lejos: la mejor de todas. Era una puta mansión. Seguro que estaba riéndose en mi cara a cada paso que daba por esos suelos de mármol.

─ Perdona─ vi a una joven con un vestido similar al mío. Era gracioso. Llevábamos el mismo corte de pelo y el mismo color. Le sonreí. A él siempre le había gustado ese estilo de mujeres: las que se parecían a mi─. El señor quiere que venga a verle más tarde hoy… Tiene una visita importante.

─ ¿Y usted es?─ frunció el ceño y se cruzó de brazos. Claro que no me creía. Hacía bien.

─ Soy la nueva. ¿No le han informado?─ la chica negó. Tras unos segundos se encogió de hombros─. Dijo que a las once le venía bien.

Finalmente, acabé por convencerla y se marchó. Estupendo. El camino estaba libre para mí. Solo para mí. Sonreí. Era inevitable no hacerlo. Estaba tan cerca…Había planeado este momento por tanto tiempo. Ese tío iba a pagar por cada uno de sus pecados.

─ Soy la compañía del señor esta noche─ le comenté por el telefonillo a alguien que no logré ver.

Fuera como fuese, la puerta se abrió. Sí, sé que había sido por mi escote. La cámara estaba justo encima y prácticamente estaba enfocando a ese lugar. Eran tan asquerosos. Hasta sus trabajadores se comportaban como él.

Estuvieron a punto de registrarme. Les aseguré que para tener sexo no necesitaba nada más que mi presencia en cuerpo. Por tanto, me dejaron pasar.

La mansión estaba demasiado cambiada. Todos los planes decorativos habían acabado en un cubo de la basura. Era tan… su estilo. Me daban nauseas solo de pensarlo. Seguí mi camino. No podía fijarme en los pequeños detalles o me cabrearía más de lo que me gustaría admitir.

Él esperaba a una prostituta que cumpliera todos sus deseos. Pero solo se iba a encontrar con el fantasma de alguien que creía conocer. Recorrí los pasillos en silencio, con esas palabras en mi mente. Noté cómo mi pierna vibraba.

Cogí el móvil y miré la pantalla… Era una vieja amiga que sabía lo de mi salida de la cárcel. Seguro que me dedicaba palabras de consuelo pero llenas de mentiras, de sonrisas falsas y de “no te acerques más a mí, has matado a alguien”. A pesar de todo, contesté mientras me seguía acercando a mi objetivo.

─ Lo siento, la antigua Tara no puede contestar al teléfono ahora mismo. ¿Por qué?─ pegué en la puerta correcta y esperé─. Oh, está muerta.

Le sonreí. Mi patada logró tumbarle nada más abrió la puerta. Entré, cerré y me coloqué encima de él, inmovilizándolo. Luchó. Quiso gritar pero se lo impedí.

Cogí mi daga y se la coloqué en la mano derecha. Parecía un movimiento peligroso, insano pero yo tenía la situación controlada. Tenía su mano bien sujeta entre las mías. Y entonces fue cuando le obligué. Le obligué a dañarse a sí mismo. Le hice ver cómo su propia mano le traicionaba. Eso era lo que había sentido yo cuando él me había apuñalado por la espalda, metafóricamente hablando.

No. Había hecho algo mucho peor que eso. Me había quitado mi libertad. Me había encerrado y me había convertido en una persona que nunca había deseado ser. Pero mi nuevo yo buscaba venganza y eso era lo que le estaba dando.

Mientras la sangre recorría el suelo. Me acerqué a su oído, con una sonrisa que de seguro que le asqueó.


─ Estúpido. Mira lo que me has obligado a hacer. 

Sobre los 7 "consejos" para el bloqueo

miércoles, 23 de agosto de 2017

"No puedo escribir. Tengo un bloqueo y cada vez que abro el documento de Word, me quedo en blanco, ¡como el documento...!" Si te has dicho algo parecido es que eres escritor. Te frustra porque quieres escribir pero no puedes o en realidad no lo quieres tanto. ¿Puedo ayudarte? Quizá. Yo solo os digo lo que a mí me suele funcionar. 

¿Qué puedo hacer cuando no puedo escribir? me preguntaréis (seguramente no así que me lo pregunto yo a mí misma). Bien. Fácil pregunta, fácil respuesta.

1. Escribir a mano. Muchas veces el ordenador nos satura. Cuando yo pongo en funcionamiento esta técnica, las palabras salen casi solas. ¿Qué ya escribís a mano? Pues probad en el ordenador a ver qué tal.

2. Figther’s Block. Una página en la que podéis sentiros como héroes mientras escribís. Sois un personaje y tenéis que derrotar al monstruo (el bloqueo) con el número de palabras que consideréis correcto (¿qué son 500? Pues 500. ¿Qué son 100? Pues 100) Tú y solo tú pones el límite. Además, es gracioso ver cómo el monstruo va desapareciendo lentamente hasta que lo vences (en teoría, se pueden ir desbloqueando personajes y monstruos juju). Para mí, el único problema es que me pone un poco de los nervios. Estoy tensa mientras escribo y la verdad no me gusta demasiado esa sensación. Así que solo lo utilizo cuando es un bloqueo muy grande.

3. Escribe en otro sitio. Un parque, la playa… Elige otro lugar que no sea tu espacio habitual de trabajo. Muchas veces, escuchando conversaciones ajenas (es imposible no escucharlo, hay mucha gente que grita…), se te ocurren ideas buenas con las que continuar una historia. ¿Por qué no intentarlo?

Cuando pones en práctica el consejo y recuerdas
que te da vergüenza escribir en público

Vale. Pongamos la situación más difícil. Imaginemos que no podéis escribir porque NO sabéis qué escribir. También tengo algunas ideas para ese tipo de  problemas.

4. Elige una canción. Escucha tu canción preferida (o una que odies o neutral...), mira la letra. Ahora escribe una historia basada en esa canción, lo que te trasmite o lo que la canción va contando. Suelo hacer mucho esto porque me inspira bastante. Así que os animo a intentarlo. (Aquí dos ejemplos de la misma canción. O'children de Nick Cave: "Él la esperó" y "Pero ahora soy libre")

5. Elige tres palabras. Lo más típico. Pídele a alguien que te diga tres palabras o búscalas de otra manera, lo que sea. El caso es tener tres (o más. Las que quieras. Infinitas) y montar un relato donde estén incluidas. Una manera fácil de eliminar el bloqueo y practicar la escritura.

Este gif no está relacionado. Es solo publicidad subliminal.
VIVA HAMILTON

6. Coge un libro. Podéis pensar que estoy recomendando que leáis (que también. A veces eso ayuda a desbloquear un poco el cerebro). Pero no. Lo que me refiero es que cojáis un libro que ya habéis leído, lo abráis por una página aleatoria y elijáis una oración (de un diálogo suele ser mejor). Ahora creáis un relato donde aparezca la oración que habéis elegido. Puede aparecer al comienzo, en mitad, en un diálogo o al final, la imaginación la ponéis vosotros. (Los llamados #writingprompts me ayudan mucho con los relatos. Aquí ejemplo reciente: El día de la boda

7. Reescribe un cuento. Lo sé. Lo sé. Está muy visto pero los cuentos no han sido contados desde nuestro punto de vista. ¿Cómo sería la Bella Durmiente si lo contáis vosotros? ¿Blancanieves?  ¿La sirenita? Bueno, podéis intentarlo. Tenéis la base, solo necesitáis pensar cómo os hubiese gustado que fuera la historia. (Yo ya lo he intentado: A mí manera)

Y hasta aquí puedo leer. No existe una fórmula mágica (yo sí la tengo pero no os la voy a dar porque soy malvada muajajajajacofcof). Pero espero que alguna de estas (conociéndolas o no) os ayuden a la hora de romper el bloqueo (y si no, lo siento mucho de verdad)  

Nos vemos en la próxima aventura (?) 

El día de la boda #WritingPrompts

miércoles, 16 de agosto de 2017


Describe una boda desde tres puntos de vista diferentes

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Una mañana llena de nervios. Mi madre llorando. Mi tía riendo mientras la copa de su mano se vaciaba con rapidez. Mi padre escondido en el baño y mi hermano correteando por la sala como el pesado que solía ser (costaba creer que ya tenía la edad física de un hombre hecho y derecho).

Jamás pensé que el día de mi boda iba a ser tan ajetreado desde el minuto cero. Yo no podía ver a mi pre-marido y necesitaba urgentemente comentarle todas las dudas que me acechaban la cabeza.

Mientras mi madre me repetía lo bonito que era mi peinado, marqué su número, era uno de los pocos que me acordaba de memoria. No me hacía falta mirarlo en ninguna agenda para poder llamarle.

¿Nerviosa? su voz me relajó más de lo que nunca llegaría a admitir.

A punto de vomitar le respondí mientras mi familia seguía gritando en el fondo.

Menuda fiesta tienes montada ahí

Te echo de menos solo necesitaba que lo supiera. No quería que él estuviera consciente de nada más, ni de mis dudas ni de mis miedos.

Todo irá bien, te lo prometo.

Cómo no, él me conocía demasiado. Sabía lo que me hacía falta en cualquier momento. Le adoraba por ser capaz de leerme la mente sin siquiera proponérselo. Por eso estaba a punto de casarme con él. Todas esas dudas que parecían invadir mi mente, fueron desapareciendo poco a poco. Aunque los nervios fueron en aumento.

Cuando me vi con el vestido puesto, no pude evitar llorar. No sabía por qué estaba tan emotiva aquel día. Que toda mi familia me mirase con una extraña cara en el rostro no ayudaba para nada.

Poco a poco, fueron dejándome sola en la sala, me dejaron con mis pensamientos y mis preocupaciones. Mi hermano se quedó unos segundos en la puerta, mirándome. Suspiró y se acercó para cogerme de los hombros y mirarme a través del espejo. Hacíamos una muy buena pareja de hermanos. Él era uno de los hombres más importantes de mi vida.

Estás guapísima, pequeñaja sí, era mi hermano mayor. Nadie sabe la suerte, la alegría que es de tenerte como hermana, como amiga…

Le sonreí mientras él me apartaba un mechón rebelde del rostro. Era un pesado, me hacía chinchar como cuando teníamos cinco años pero era mi hermano. Le quería y no solo porque la sangre nos obligaba a sentirnos así el uno por el otro.

Se fue. Me dejó sola de nuevo y yo suspiré. Cogí el ramo de flores, me miré una última vez y salí de la habitación. Mi padre me esperaba y me extendió su brazo. Estábamos a tan solo unos minutos del gran desenlace. A unos minutos del final feliz. La música empezó a sonar en el interior de la capilla y las puertas por  fin se abrieron.


La novia apareció. No hacía más que pensar en el pecado que cometía día tras día. Los novios venían a mí, ilusionados, enamorados. Creían que la Iglesia era una tradición que se debía cumplir con los ojos cerrados. Estaban muy equivocados. Casarse por la Iglesia significaba casarse por amor a Dios, por ser reconocidos ante ÉL.

Y yo, como un tonto ciego, permitía que los ateos se convirtieran en creyentes por unos largos minutos. Era una pareja adorable, era una pareja buena. En sus corazones no había maldad, solo existía las ganas de amar, de comerse el mundo junto. ¿Qué pintaba yo en todo aquello si en sus vidas no existía la fe?

Los novios me miraron y yo les sonreí, transmitiéndoles la seguridad de la que carecían. Aquel día iba a hacer algo impropio de mí. Habían visto una gran cantidad de películas comerciales e iba a darle lo que de verdad querían. Solo para que Dios viera que la farsa que montaba todos los días no era en su nombre. Ellos no buscaban la paz en sus brazos, ellos solo querían una decoración elegante y una fiesta inolvidable. Eso era lo que tendrían.

Di comienzo a la pequeña farsa misa.



Mi corazón palpitaba con violencia. Apreté mis manos y agaché la vista, como si realmente estuviera escuchando al párroco. Era increíble que aquello estuviera sucediendo. No me lo creía. ¿Por qué era tan egoísta? ¿Por qué siempre estaba dispuesto a arruinarlo todo?

Desde mi más tierna infancia se veía que no era buena persona. Me odiaba a mí mismo. Era incapaz de fingir felicidad, era incapaz de aceptar aquel matrimonio. Pero ya no había marcha atrás, ya era demasiado tarde para mí.

Por primera vez en años, debía comerme mi propia cosecha. Debía admitir que estaba amarga y que la odiaba. No sabría alimentarme de lo que yo mismo había creado: desprecio, odio, celos.

Ella siempre fue mejor. Ella era el ojito derecho, la dulce chica que lo hacía todo perfecto. Y yo la aceptaba tal y como era. Pero también era cierto que había robado todo mi protagonismo. Se había convertido en el personaje principal de mi propia vida. Ahora yo solo era un simple secundario. Yo sacaba notable, ella llegaba a casa con matrícula. Yo tenía un trabajo en una tienda, ella había obtenido el trabajo de sus sueños. Maldije el día en el que trajo a ese hombre a la cena familiar.

Lo tenía todo. Absolutamente todo. ¿Y yo? ¿Qué tenía? Un pequeño apartamento, un trabajo asqueroso y una soltería que duraba desde años atrás. Pero si estaba solo no era por puro gusto. No. Había más en mi interior que no quería admitir. Además de ser mala persona era otras cosas que aún no estaba dispuesto a decir en voz alta.

El día que conocí al novio de mi hermana. Mi vida cambió por completo. La tensión que se acumulaba cuando él estaba cerca, la nauseabunda actuación de que todo iba bien en su perfecta relación, me ponían enfermo. Todo era oscuridad desde entonces. Mi familia había hecho mi vida miserable. Ya no podía más.

Dejé que las lágrimas recorrieran mis mejillas sin descanso. Mi padre trató de apoyarme pero yo rechacé el abrazo bruscamente. No necesitaba consuelo. Ya no. Estaba harto de todo y de todos.

…que hable ahora o calle para siempre.

El párroco guardó silencio y yo le miré.  Nunca había oído esas palabras en una boda. Siempre había creído que era un mito de las películas para hacer más interesante ese momento. Era una señal. Era mi oportunidad. Me levanté y alcé mi voz.

─ Yo, yo me opongo.

Todos, incluidos mis padres, se sorprendieron de mi gesto. Me acomodé la chaqueta y di un paso hacia delante. Acercándome a la hermosa pareja. Le dediqué una mirada a mi hermana que esperaba que entendiera.  Lo sentía de veras pero hoy pensaba quitarle el protagonismo del día más importante de su vida. Solo para que me recordara con odio, para que no volviera a llamarme. Aunque la quería, debía hacer aquello por mí.

Porque no solo la quería a ella.


También estaba enamorado de él.
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Ahora te toca a ti. ¿Aceptas el reto? 

Siempre será Diciembre ~ Wendy Davies

miércoles, 9 de agosto de 2017

Lo sé. No suelo hacer "reseñas" (no sé cómo puedo llamar a esto) pero hoy me ha apetecido y aquí estoy. Espero que la disfrutéis (esta y las que puedan venir)

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Título: Siempre será Diciembre

Autora: Wendy Davies

Editorial: SM

Páginas: 302 

Fecha de inicio: 3 de agosto

Fecha de finalización: 5 de agosto

Sinopsis

Cuarenta segundos son suficientes para cambiarlo todo. 
Sam ha muerto. El mar se llevó sus secretos y ahora solo quedan mentiras y esa sensación de ahogo que todo lo envuelve. Samantha no es ella misma. Jay no sabe lo que hizo. Todos tienen algo que ocultar y cada día que pasa es una cuenta atrás. Mañana quizá sea tarde.

Opinión personal: ¿Quieres un secreto? No sé cómo empezar. No sé cómo decir algo sin que sea mentira porque las palabras se quedan cortas.

SamyJay... SamySamantha. Los conozco a todos incluso aunque uno de ellos esté muerto. Los conozco incluso antes de que ellos lo confirmen. Los conozco y sé que se han llevado un trozo de mi alma como los horrocruxes pero no estoy preocupada, sé que la cuidarán. 

No me esperaba menos de ellas. Este libro es solo algo más que añadir como punto positivo a su larga lista de pros y contras [no sé dónde están los contras pero los buscaré (Os he mentido, no lo haré)]. Esta historia es un grito de esperanza y de aprendizaje. Juegan con nuestros sentimientos, con nuestra ignorancia. 

La historia nos la presentan desde dos puntos de vista diferentes: Jay y Samantha. Es curioso como el primero le habla principalmente a Sam, su mejor amigo muerto, y la segunda nos habla a nosotros, nos mira a los ojos y nos dice que está llena de mentiras. Samantha no puede hablarle a Sam. No, porque él lo sabía todo y ella no sabía nada o quizá sí. 

El caso es que estas autoras no solo han jugado con las palabras sino también con su forma de presentarnos el relato. Han hecho que no omita lo que es obvio. Porque no soy valiente. Han hecho que grite. 
Grite.
Grite y mucho. 

Y sin siquiera poner exclamaciones en ninguna parte. A veces me han hecho susurrar. Y, por supuesto, me han hecho cantar, descubrir canciones que desconocía y cantarlas con él, con Jay. Y me han hecho preguntar: ¿Quién cojones soy hoy? ¿Hay algo más allá del sufrimiento? ¿Se acaba algún momento? Quizá no pero aprendemos a vivir con ello. Aprendemos a despedirnos como lo he hecho con este libro. No estoy lista pero ya se ha acabado, ha llegado a su fin y a mi me ha dejado tocada y hundida. Es hora de ponerlo en la estantería pero eso no quiere decir que lo olvide, ni mucho menos. 

Como siempre, los agradecimientos son mi parte favorita. Me encanta ver a quiénes se lo agradecen y esta vez me han hecho llorar. Vosotras dais las gracias pero, no sabéis, que yo os las doy a vosotras. Por dar vida a esta historia, por hacer que yo sea una más. Ya, ya, solo observo pero estoy en la historia, miro a Jay y a Samantha y sufro la pérdida de Sam incluso aunque no lo haya conocido en vida. 

Estas escritoras hacen magia con las palabras y creo que no son conscientes, no se dan cuenta del daño y la felicidad que causan. Por eso, y mucho más, gracias. 

Busca la frase: es fácil. Miramos el número de páginas que tiene el libro: 302. Ahora solo tenemos que dirigirnos a la página 30 y a la línea 2... Esto es lo que obtenemos: 


[...] siendo todas las veces en las que me gritaba con rabia que, 
aunque nos llamaran igual, nunca seríamos iguales.

Puntuación: me niego a ponerle nota a cualquier cosa. Los números están sobrevalorados. 

Playlist: Sí, he recogido todas las canciones que aparecen en el libro...