It's all I know (you)

sábado, 21 de mayo de 2016

La noche era fría, el viento se filtraba por su cuarto y ella no dejaba de moverse. Se incorporó casi de un salto y miró a su alrededor. Por un segundo había tenido un bonito sueño, por un segundo había imaginado que él estaba allí, arrodillado frente a su cama y susurrándole palabras dulces al oído.

Pero solo había sido un sueño, uno entre tantos. ¿Qué diferencia había del que había tenido la noche anterior? No había cambiado nada. Dio un rápido vistazo a la habitación por si él la acechaba desde la oscuridad. Nadie.

Se levantó de la cama y se puso sus pantuflas de conejito. ¿Por qué hacía tanto frío? Ah, la ventana estaba abierta. Pero ella recordó cerrarla, no solía dormir con la ventana abierta, era demasiado friolera como para eso.

Se acercó a cerrarla y, antes de hacerlo, se asomó al jardín delantero de su casa. Suspiró. La calle estaba vacía. Nadie tiraba piedras a su ventana para avisarla y convencerla de que se escabullera de noche. Nadie la esperaba en un coche justo al terminar la calle. Nadie la llamaba desde la cabina telefónica para que se asomara. Cerró la ventana casi de golpe. Todo había acabado.

Buscó su chaquetón y se lo colocó. Sí, era lo suficientemente largo como para que nadie notase que llevaba un pijama debajo. Se enrolló una bufanda al cuello y bajó las escaleras despacio, sin hacer nada de ruido. No se había cambiado los zapatos, total, no haría demasiada falta.

Cerró la puerta principal y salió  a la carretera. A esa hora no pasaba ningún coche por lo que podía ir tranquila. Aquello le hizo recordar los tiempos en los que él bailaba en medio de la calle, sin importarle si los coches le atropellasen. Claro que él estaba loco. Ella simplemente se reía y, en ocasiones, le imitaba.

¿Me concede este baile?” le oyó en su mente una vez más y una triste sonrisa asomó en su rostro.
Pero todo aquello había acabado, por culpa de él, por culpa de ella. No sabía por qué exactamente y era lo que más la atormentaba de todo. ¿A quién podía culpar de su separación? ¿Por qué había ocurrido?

¿Me quieres?” le había preguntado ella en apenas un susurro justo cuando el reloj había marcado las dos de la mañana.

¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Qué si te quiero?” él había alzado su ceja y la miraba medio divertido “Lo siento, quería fingir pero no hay nada en el mundo que me haga decir que no.

Qué cursi. Hubiera bastado con un mero sí” le había replicado ella a lo que él la atacó con cosquillas.

Qué tiempos aquellos. Entonces, ¿por qué? Él la quería, ella le quería. ¿Qué más hubiera hecho falta para que hubiese acabado bien? Ella prosiguió su camino por la calle, pensando en todo y en nada. Pensando en él y en lo que se habían convertido. Ella que nunca pasaba noches en vela, ahora era incapaz de dormir. Sabía dónde encontrarle e iría allí sin dudarlo. Sus pies le habían guiado hasta él. Se detuvo delante y le mostró una media sonrisa.

─ Hola, ya sé que prometí que no te vería en meses pero… no he podido evitarlo─ se sentó sobre el césped y le miró─. Solo quiero saber por qué, por qué lo hiciste. Tú, yo, éramos perfectos. No lo entiendo. Trato de buscarle un sentido a todo pero no hay nada, nada que me dé una respuesta. Separarte de mi lado no ha sido lo mejor que podías hacer. Sé que decías que no eras bueno para mí, que me merecía a alguien mejor. Pero, joder, soy lo suficientemente mayor como para saber quién me conviene y quién no. Y resulta que tú eres la persona que más feliz me hace en el mundo... Eras. Me rebajo a esto porque ya no sé qué más hacer. Dime, ¿qué hago? Tú  me guiabas por el buen camino y ahora… estoy perdida en la oscuridad. Solo necesito un por qué. Quiero las respuestas que me has negado a darme y, quizá, podré seguir adelante, podré pasar página pero ahora mismo no… no puedo─ la joven se limpió las lágrimas que recorrían sus mejillas─. No sabes cuánto te quise, cuánto te quiero. Siento que debería habértelo dicho todos los días. Así quizá tú... tú no te hubieras... Ojalá pudieras estar aquí para oírlo.  

Ella se acercó y besó la tumba del chico. Se levantó con cierta dificultad y se alejó de allí a paso lento, como si a cada centímetro que se alejaba de aquel lugar, dejase un trozo de su alma, ya rota, con él. 

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