We're looking for something dumb to do

miércoles, 2 de marzo de 2016

─ ¿De qué vas?

─ No sé, ¿de qué vas tú?

─ Ah, creí que eras lo suficientemente inteligente como para averiguarlo tú solo.

─ ¿Y ahora qué he hecho?

─ Tú lo sabes de sobra.

─ No, no te hubiera preguntado si fuese así.

─ Si prestases más atención a las cosas, lo sabrías.

─ Vale, ¿me podrías decir qué he hecho que te haya molestado tanto?

─ Piensa, seguro que lo averiguas.

─ Eres desesperante.

─ Mira quien fue a hablar, el idiota de turno.

─ En el fondo me quieres y no lo puedes negar.

─ Claro que te quiero pero eso no quiere decir que te vayas a salir de rositas de esta…Y que eres un idiota.

─ Vamos, tampoco puede ser tan grave. ¿Me olvidé de alguna fecha? ¿Me quedé dormido cuando me hablabas? No sé, ¿dejé que el dinosaurio entrase en la casa mojado? ¿¡Qué es!?

─ Pregúntale a tu amiguita esa. Mi amiga juró que te vio entrar en la casa de una “guapa desconocida”

─ ¿Así que es eso? ¡Estás celosa!

─ No lo estoy.

─ Anda que no. Se te nota en la cara. Mira, mira, lo pone bien grande en tu frente: CELOSA.

─ Quizá porque veo motivos para estarlo. ¡Quedaste con ella a solas y sin avisarme! Eso no se hace. Creí que confiabas lo suficiente en mí como para contarme esos pequeños detalles.

─ Se me olvidó comentártelo. Tampoco es ningún crimen. Te juro que no la he tocado.

─ ¿Y para qué quedaste con ella?

─ Para nada que te importe.

─ Me estás dando más motivos para no creerte. ¿Por qué no me lo puedes decir?

─ Jo, en serio, no te vayas a enfadar conmigo por una tontería como esa.

─ Son muchos años ya y tu comportamiento está siendo muy extraño en estas últimas semanas.

─ Todo es por un fin mayor, lo prometo.

─ ¿Eres religioso ahora? Dímelo o no respondo de mis actos.

─ ¿No te puedes esperar un día más? Solo uno, y todo tendrá sentido, en serio.

─ ¿Vas a terminar hoy tu aventura con esa para que todo te salga como quiera? No te voy a dar esa ventaja.

─ Está bien.

─ ¿Qué estás haciendo? Anda, no seas tonto. No necesito que me pidas perdón mientras te arrastras por el suelo como un zombie. No estoy de humor para eso.

─ ¿Te puedes callar un momento, chiquilla? No me dejas ni respirar.

─ Yo te dejo, eres tú el que no hablas más rápido.

─ La mujer que te han contado que estaba viendo, era mi tía. Lo sé, no la conoces pero es la verdad. Ella tenía algo muy importante que necesitaba para cuando llegase este momento. Te juro que quería dártelo mañana pero me has descubierto antes, como siempre.

─ ¿No será lo que creo que es?

─ ¿Te casarías conmigo, Natalia?

─ Uf, creía que me habías puesto los cuernos. Me habías asustado, idiota.


─ ¿Eso es un sí?

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