Perfecta

sábado, 27 de febrero de 2016

A veces, siento que no puedo respirar. Inspiro profundamente, lleno mis pulmones al máximo y, aún así, parece que me esté ahogando. Es como si necesitase más aire pero soy incapaz de seguir almacenando más. 

A veces, siento que soy demasiado estúpida. Sí, me preocupo por todo, por todos y no debería ser así. No debería preocuparme tanto. Necesitaría dejar que las pequeñas cosas me afectasen de este modo. Pero, ¿cómo no hacerlo? Yo siempre he sido de las que sacan buenas notas, de las que lo tienen todo controlado y de las que no les gustan las sorpresa. Pero no sé qué está pasando, no sé qué me está pasando. 

En verdad, voy por la vida como si fuese una persona que no le importa lo que le digan. En cierto modo es así. No me importa tanto cómo me miren o por qué me critican. La gente juzga sin siquiera conocerte, es algo que está más que asumido. Pero, en el fondo, sí que me importa; lo que piensa una persona es lo que me echa el mundo encima. Y no, no estoy hablando de una amiga, un novio o un familiar. No, la peor, la que me juzga más duramente soy yo. Yo misma soy mi peor enemigo. Yo y solo yo me puedo dañar de esa manera con palabras tan simples, con hechos tan poco significativos para los demás.

A veces irradio felicidad, alegro el día a otros pero, por dentro puedo ser una tormenta desenfrenada de emociones negativas. Lo oculto muy bien, suelo hacerlo. Una sonrisa y convezco a todo el mundo de que estoy bien. Pero puede ser que no sea así, puede ser que, interiormente, me esté juzgando una y otra vez, me esté machacando con las cosas que he hecho y con las que no. Puede ser que me eche en cara lo poco perfecta que estoy siendo en este último tiempo. Nadie es perfecto pero mi nivel de perfección siempre lo tengo que alcanzar, cuando no lo hago, el mundo se me viene encima. 

Y lo ven como una tontería. Lo ven como que estoy loca por dejar que me afecte de esta manera. Pero me estoy defraudando demasiado últimamente. Un golpe tras otro, una recriminación tras otra. ¿Por qué no te empeñaste más? ¿Por qué no lo has conseguido? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Preguntas a las que no les encuentro respuesta alguna. Palabras que me hunden en lo más profundo de mi ser. Y tengo que vivir así: ella me dice todo lo que estoy haciendo mal y me lo recuerda todo el tiempo. Porque es una amante de lo más cruel, o es como ella dice o no es así. Duele pero no puedo deshacerme de ella porque forma parte de mí, soy yo. Yo soy mi amante más cruel. Yo soy mi demonio. Yo soy mi miedo. Y me tengo que ver todas las mañanas al despertarme y mirarme al espejo. Todos los días me enfrento a mí misma y lo cierto es que siempre acabo perdiendo. 

Saesenas

miércoles, 24 de febrero de 2016

Siempre supo que su final sería aquel: una bala atravesando su corazón en una muerte tan sin sentido como su vida. 

Abrió los ojos  justo cuando el despertador sonaba. Por un momento, su cuerpo no respondía a las órdenes de su cerebro. Se estaba tan calentito en la cama... ¿Por qué se tenía que marchar de aquel cálido lugar? Ah, sí, el trabajo. Conseguir dinero para comprar cosas bonitas a su novia. Novia que se enfadaba por no dedicarle más tiempo a ella y menos al trabajo. Nada la mantenía contenta pero la nada no podría hacerla nunca feliz. Pero con su collar de perlas nuevo siempre lograba sacarle una sonrisa. 

El café sabía tan amargo como siempre. Era normal, en su empresa no se preocupaban por esos detalles. Escuchó murmullos a sus espaldas y, cuando se giró, sus compañeros callaron al instante ¿Estaban hablando de él? Oh no, genial, otra corbata llena de café. ¡Qué torpe! Y todo por estar mirando a donde no debía. Sus compañeros reían y la secretaria que estaba para toma-pan-y-moja le sonrió con picardía. Esa mirada era más que suficiente para encenderle. No, él tenía novia y nada en el mundo podía cambiarlo. La nada llegaba a ser muy inútil a veces.

Se quitó la corbata mientras el murmullo seguía. Sentía todos las miradas sobre él. ¿Qué le pasaba al mundo aquel día? Resopló. Trabajó. Y leyó aquel papel que cayó "accidentalmente" sobre su mesa: "Reúnete conmigo en el almacén en cinco minutos". Estupendo, otra broma más pero, ¿qué perdía por asistir? Nada y a la nada nunca se le echaba en falta. 

En cinco minutos ya estaba en el almacén.Era un sitio oscuro y con cantidades ilimitadas de escondites. Un aroma familiar inundó sus fosas nasales, lo conocía; era ella. El botón de encendido fue pulsado por las palabras que ella le susurró: "Hemos esperado demasiado. ¿Por qué no acabamos cayendo en la tentación de una vez?" Esa secretaria era demasiado directa. Unos labios le besaron, unas manos les desvistieron, un cuerpo se ofreció a sus caricias. Nada le importaba pero a la nada nunca se le tiene en cuenta.

Ella gritó susurrando en su oído. Ella le pidió más y él se lo dio. Sin remordimientos, disfrutando del momento. Un frío metal rozó su estómago. Se alarmó. Ella le sonrió en la oscuridad. Él se apartó, asustado. Ella le apuntó con la pistola. ¿De dónde la había sacado y cuándo? Ironías de la vida, decides ser infiel y la vida te devuelve la jugada, aún más dolorosa. Él se arrodilló. Pidió una explicación, exigió respuestas. Pero ella seguía sonriendo en la oscuridad. 

No hablaba. Ni una palabra salía de su boca. Él, desnudo de cuerpo y alma como estaba, preguntó una vez más. "¿Qué tienes contra mí?" Ella recargó la pistola y abrió sus labios para al menos darle la satisfacción de conocer una última respuesta: "Nada". 

Aquella palabra tomó un sentido diferente, una importancia inmensa que jamás pensó darle a unas letras tan vacías. Por una vez, la nada no era un cero a la izquierda. 

Siempre supo que su final sería aquel: una bala atravesando su corazón en una muerte tan sin sentido como su vida.  

Revenge

miércoles, 10 de febrero de 2016

Advertencia para sensibles

─ Para─ le suplicó con la voz rota─, esto está llegando demasiado lejos.

─ No, yo sé cuándo parar y este no es el momento. 

─ ¡Mírate! ¿No ves lo que estás haciendo? ¡Es cruel!

─ En este mundo hay que ser cruel sino...no llegas a nada. 

─ Pero no así, no dañando a personas inocentes.

─ ¿Inocentes? ¿Sabes lo que ha hecho este... este miserable?

Le señaló con el cuchillo al hombre que estaba atado a la silla. El terror se incrustaba en cada uno de los poros de su pie. La sangre caía por su mejilla izquierda debido a un perfecto y profundo corte diagonal. Las perlas de sudor bajaban por su piel, escociendo más de lo que debían. 

─¿Qué ha hecho?─ le preguntó la joven─. Deja que hable él. 

─ Está bien─ dijo él rodando sus ojos. Se acercó a su prisionero y le libró de la cinta que cubría su boca─. Anda, valiente, dile lo que hiciste. 

─ Yo no he hecho nada, lo prometo─ el hombre habló entrecortadamente, intentaba moverse para desaflojar las cuerdas que se clavaban en su cuerpo pero era imposible. 

─ ¿No? ¿No le vas a decir que mataste y descuartizaste a nuestro padre? ¿No te suena, cabrón?

Una bofetada resonó por la sala vacía. El lugar solo estaba iluminado por una leve bombilla que, de vez en cuando, parpadeaba. Instrumentos de tortura estaban sobre una bandeja móvil y la sangre manchaba un suelo que, en tiempos anteriores, había sido de un precioso gris. 

─ ¿Fue él?─ preguntó la chica incrédula mientras le señalaba con el dedo. Ya no sentía tanta pena por el secuestrado─ ¿Tienes pruebas suficientes?

─ Tengo pruebas más que suficientes, ¿verdad, amigo mío?─ con la punta del cuchillo le acarició el cuello, provocando de esa forma que la sangre saliera del interior del secuestrado─. Pagarás por lo que has hecho. 

─ Yo no fui, no maté a vuestro padre, os lo juro─ sollozó, ya no podía aguantar más, estaba cansado. Solo deseaba liberarse de aquella horrible pesadilla. Se calló antes de volver a hablar pues otra bofetada le acarició la mejilla ya roja. Sus lágrimas se hicieron más fuerte y pidió una vez más clemencia. 

─ Admitelo, fuiste tú. Tengo las grabaciones de aquella noche. ¿Sabes dónde las encontré?─ se acercó más para intimidarle─. Sí, en ese lugar tan bonito al que llamas refugio. ¿Crees que no lo iba a encontrar? Primero mataste a mi padre y luego te interesaste por mi hermana, ¿eh? ¿Te van las jóvencitas?

El chico le clavó el cuchillo en el torso de la mano que estaba apoyada en los brazos de la silla. Sonrió al escuchar el grito de dolor. Se giró hacia su hermana, estaba asustada, lo sabía pero al menos el odio y la ira se acumulaban lentamente en ella. No, esta vez ella no le detendría. Acabaría su venganza como había estado planeando tantos años. 

─ Para por favor─suplicó el hombre, revolviéndose en su asiento y contemplando cómo su mano había quedado totalmente inutilizada─. Yo no creí... yo no creí...

─ ¿No creíste que mi hermano te daría caza? Eres un miserable gusano─ le arrebató el cuchillo a su hermano y, con toda la fuerza que tuvo, impactó el arma contra la pierna del hombre. Él chillo y su hermano rió. No se sentía tan mal como había imaginado. 

─ ¡Esa es mi chica!─ se acercó a ella para darle un leve abrazo─. Acabemos con esto ya, anda. Creo que ya es hora de dejar el pasado atrás. ¿Haces los honores?

─ Espera, quiero que lo diga─ le colocó el cuchillo en la garganta, rozando su piel débilmente─. Dilo, dilo y quizá tendrás una oportunidad de vivir. 

El hombre miró a la chica a los ojos. Parecía tan dulce e inofensiva pero en su rostro solo había un tremendo odio y desprecio hacia lo que miraba. Por un minuto, la creyó pero sabía que no serían tan compasivos. ¿Qué mas daba? Ya era hora de contarles la verdad, solo para dañarles con palabras. Se iba a marchar de aquel mundo pero al menos, lo haría a lo grande. 

─ YO MATÉ A TU PADRE─ escupió cada palabra, disfrutando de la sensación tan liberadora que era decir la verdad─. ME SUPLICÓ POR SU VIDA. UN SUS ÚLTIMOS MINUTOS DE VIDA NO ERA MÁS QUE UN BEBÉ. Y CREEDME CUANDO DIGO QUE LO VOLVERÍA A HACER, NO LO DUDÉIS. SOLO ERA UN HIJO DE... 

A penas pudo terminar su frase. La joven había rebanado el cuello del hombre casi sin pestañear. Sus manos, su cara y su hermoso vestido se tiñeron de un rojo intenso. Se apartó del cuerpo sin vida de un asesino y se quedó contemplando cómo su hermano remataba la tarea. Un cuchillazo, dos, tres... Demasiados para contarlos. Cuando estuvo sin fuerzas, tiró el arma al suelo y se acercó a ella. Ambos observaron aquella obra de arte algo macabra.  Para otra persona, sería una escena de auténtica película de terror pero, para ellos, no era menos parecido a un atardecer; contemplando cómo el cielo se iba tiñendo de un color rojizo para despedir al sol.

─ ¿Te sientes mejor ahora que has tenido tu venganza? ─ le preguntó ella, mirando cada una de sus expresiones para ver qué pensaba su hermano. 

─¿Quieres la verdad?─ él le devolvió la mirada, mostrando así todas la sangre que resbalaba por su cara y que no era suya. No dejó que ella contestara─. No, sigo sintiendo la misma mierda de antes. 

Deja que te escriba

martes, 2 de febrero de 2016

 Deja que te escriba cien relatos que en todos ellos guardaré un trozo de mí para que veas que no soy tan perfecta como parezco.

Deja que te escriba cien relatos y te prometo que te leeré uno cada noche antes de que vayas a dormir.

Deja que te escriba cien relatos por todos esos momentos que he pasado tanto buenos como malos. Por toda esa gente que ha estado a mi lado y por todas esas a las que he dejado escapar.

Deja que te escriba cien relatos y esos serán los días que tendrás para comprenderme y ¿quién sabe? Quizá para amarme.

Deja que te escriba cien relatos que los convertiré en viento para que lleguen a todos los oídos necios y a todos los corazones solitarios.

Deja que te escriba cien relatos y con ellos me construiré un castillo de emociones para que puedes encontrarlas a todas.


Deja que te escriba cien relatos pero prométeme que después me dejarás que te escriba cien más.