Girl With The Red Balloon

miércoles, 16 de diciembre de 2015


La pareja entró al restaurante. El ambiente estaba cargado. La gente charlaba entre ellos mientras el humo ascendía, intentando encontrar una bocanada de aire limpio. El lugar era acogedor; las paredes empapeladas con un fondo “vintage”. Los muebles de madera oscura. Las luces tenues y amarillas hacían que las sombras se movieran al son de una música inexistente.

Él le señaló una mesa libre y la joven, vestida de blanco, asintió, sonriente y coqueta. Se sentaron en los cómodos sillones adornados de un delicioso rojo. Comentaron la decoración, hicieron bromas sobre algunos de los presentes. Se pasaron un cigarro que se consumía lentamente entre sus labios.

La camarera le hizo una señal a su compañero para que apreciase quién acababa de entrar. Él se encogió de hombros, algo cohibido. La camarera suspiró y se acercó, agarrando fuertemente la pequeña libreta. El mejor vino y el mejor plato de la carta. Como no, lo mejor para aquella joven que traía problemas. Solo pensar en ella, un escalofrío recorría todo su cuerpo.

Se internó en la cocina y le dejó el pedido. Por desgracia o por fortuna, tenía que seguir trabajando y no podía esperar a que la joven desapareciese. Así que salió para ver si alguno de sus clientes deseaba algo más.

Allí seguían. Bebiendo, fumando y riendo. Parecían un único ser. Parecían tan enamorados… Pero la realidad era muy diferente. Él se había dejado engañar por una cara bonita y unos ojos que hipnotizaban. La joven con el vestido de blanco solo estaba jugando. Un juego en el que solo había una única ganadora: ella.

La joven se levantó, pegando un golpe en la mesa. Todo el restaurante siguió con su normalidad pero la camarera lo había presenciado todo. La conversación que mantenían se había vuelto más violenta que antes y ella había explotado, como solía hacer.

could be good for a engagement photo. take the balloons and have them hold hands or something..: Vio cómo la joven salió del local. Se acercó a la ventana para poder apreciarla a través del cristal. Ella, su vestido blanco y un globo rojo. Lo sujetaba con gracia mientras que el aterrador caballero la seguía, desesperado y asustado. Ella le sonrió al verle. Esa sonrisa que no deparaba nada bueno. Sin pensarlo más, soltó el globo.

¡Pobre hombre!  Él corrió. Corrió todo lo que sus piernas se lo permitieron pero el globo iba elevándose más y más en el aire y ya estaba demasiado lejos como para poder alcanzarlo. Él se derrumbó en el suelo, quedando a cuatro patas. Intentaba recuperar el aliento pero lo cierto era que los minutos corrían en su contra.

Dentro del local, un golpe seco y gritos de los comensales, lograron que la camarera se girase para ver lo que sucedía. En aquella mesa, se encontraba el cuerpo sin vida del caballero que había acompañado a la joven vestida de blanco. Un hilo de sangre recorría su boca y manchaba lentamente el mantel. Y sus ojos se habían quedado totalmente abiertos ante el horror de ver a su corazón alejarse de él poco a poco. 

Otra vez. Otra vez había hecho de las suyas. No entendía cómo podía jugar de esa manera con los sentimientos de la gente. No entendía cómo les arrebataba el corazón a sus pretendientes para luego soltarlos y dejar que volasen lejos de ellos. Jugaba con la suerte, con su sonrisa. Encandilaba a los hombres enamorados para que fueran pecadores y, luego, hacerles ver la auténtica realidad.


Pero es que, ¿qué se podía esperar cuando te encontrabas con la joven vestida de blanco? Tan inocente, tan pura. Con cara de ángel y sonrisa de demonio.

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