They used to shout her name, now they whisper it

sábado, 3 de enero de 2015

Levantó la vista justo en el momento en el que él la miraba. No apartó sus ojos, no lo hizo. Simplemente permaneció con aquella mirada sensual en su rostro hasta que él no pudo aguantarlo más. 

Había ganado, eso significaba que estaba bajo su control. Haría lo que ella quisiera y solo con alzar esos ojazos verdes. Tan solo con un leve movimiento de pestañas. Era increíble lo fácil que era manejarlos. El mismo bar, casi la misma gente y la misma música pero un tío diferente cada vez. 

Empezó a contar hacia atrás mientras se llevaba el Martini a los labios. 10, 9, 8, el hombre volvió la vista de nuevo a ella y se mordió el labio. Sus pensamientos no eran puros, eso ya lo sabía. Se estaba exponiendo a algo peligroso y si no lograba controlar la situación no saldría viva de aquello. 

3, 2, 1. El hombre se levantó de su asiento y caminó hacia ella, con una mano en el bolsillo y con la otra sujetando su copa. Ella echó la cabeza hacia atrás, abriendo levemente sus labios. Sabía los movimientos que debía realizar para atraer su atención, para hacer que desease más sin siquiera haber probado. 

─¿Podría invitarte a la siguiente copa?─ dijo con una sonrisa y una mirada lasciva que logró que se estremeciese de asco. 

─Por supuesto. Jamás hay que rechazar una copa gratis.─ comentó mientras vaciaba de un trago el contenido del vaso.
  
─Supongo que te invitan muchos.─ el hombre levantó su mano y el camarero entendió la orden a la perfección─ No es de extrañar, eres exquisita. 

─Resérvate tus cumplidos para después.─ una media sonrisa apareció en su rostro.─ Cuando estemos a solas. 

Tuvo que contener su risa al ver cómo el hombre temblaba de la cabeza a los pies. Incluso casi se le derrama sobre los pantalones el licor que estaba bebiendo. La joven cogió su copa, que le había salido totalmente gratis, y acercó sus labios al cristal. Jugó con el líquido hasta que el hombre quedó demasiado ensimismado. 

─¿Siempre vas tan rápido? ─ le preguntó, le costaba tragar saliva para poder hablar correctamente. 

─Ambos sabemos lo que queremos. ¿Por qué debía de ir tan despacio?─ dijo ladeando la cabeza. 

─Entonces…─ casi no le salía la voz para preguntar aquello─ ¿Vamos a tu casa?

─¿Por qué no mejor a la tuya?─ le susurró en el oído mientras que su mano ascendía por su pierna. 

Había creído que tendría más tiempo para mentalizarse pero cuando el hombre le dijo que su casa estaba a la vuelta de la esquina, tenía mucha razón. Ya estaba en su pequeño apartamento, viendo cómo él recogía un poco el desorden y le preparaba otra copa más. 

A pesar de tener un apartamento pequeño, era consciente que resultaba ser uno de esos hombres ricachones. Seguro que ese apartamento solo lo tenía para llevar a las chicas que conquistaba y luego volvía a casa con su querida esposa. 

─Deja la bebida y no perdamos más el tiempo.─ le apresuró la joven. 

El hombre se quedó con el hielo en la mano y lo tiró al suelo. Se acercó a ella y le devoró la boca sin piedad. Ella mantuvo sus ojos abiertos, notando cómo el hombre recorría su cuerpo con sus asquerosas manos.

En menos de unos segundos, ya estaban en la habitación. Ella le acorralaba entre sus rodillas y él acariciaba el interior de los muslos una y otra vez. La sonrisa de la joven se ensanchó aun más al ver que el hombre se paraba justo en el punto en el que tenía la liga. 

─Eres demasiado perfecta para ser real.
La joven se inclinó, apoyando sus codos a ambos lados del rostro del hombre. Acercó su boca hasta su oído y la mordió para después poder susurrarle. 

─Sí, demasiado perfecta para alguien como tú.─ dijo, soltando una risita.─ Por eso debes desaparecer. 

El cuerpo del hombre se tensó y se congeló al completo. Era consciente que estaba repitiéndose sus palabras una y otra vez intentando averiguar si era parte del juego o eran de verdad. Ella se lo aclararía en unos segundos.

─Me encargaré de acabar con el género masculino uno a uno. Aunque eso me cueste todo el tiempo que poseo. Te juro que lo haré. 

Mientras había estado hablando, su mano se había dirigido hacia su liga, donde guardaba algo esencial para su día a día. Rió antes de entregarse por completo a su verdadero placer. La sangre recorriendo su cuerpo, sentir cómo tenía el control, cómo podía convertirse en Dios por unos minutos era el único placer que ella necesitaba. Lo necesitaba justo ahora. En sus ojos brillaba el deseo, las ganas de acabar con una vida más y posiblemente fue aquella mirada lo que el cerebro de aquel hombre retuvo. 

 Le sonrió por última vez antes de ver cómo la luz de sus ojos se apagaba para siempre.

1 canciones:

Miss Coeur dijo...

Ay, hadita, cómo sabía yo que sacarías la vena macabra al final.
P.D: LUVU.

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