Entrevista con un asesino

sábado, 31 de enero de 2015

Me encuentro ya en el lugar acordado. La habitación es bastante acogedora a pesar de sus paredes grises y algo mohosas. Delante de mí hay un cristal que me separará de él. La silla en la que estoy sentada es bastante cómoda y se podría decir que los que acaban encerrados en el lugar viven casi como reyes. La mesa también está muy cuidada, ni un rasguño ni un arañazo en el barniz… parece nueva.

En ese mismo instante la puerta que tengo enfrente se abre y aparece él. Yo no tenía intención de concertar una entrevista pero al parecer era él el interesado en esto. Su sonrisa es arrogante. Sus pasos son de superioridad y, a pesar de llevar la ropa naranja y esos grilletes en las muñecas, no parece que sea un hombre que acaba de ser condenado a años encerrados en aquel lugar y  que está en proceso de condena a muerte.

Me saluda y se sienta, cruza sus piernas y se pone cómodo en la silla. Su sonrisa sigue ahí. Nos dejarán solos, él y yo hablando frente a frente. No diré que siento temor más bien es una terrible curiosidad por conocer más de él.

Periodista: Aquí estamos. Marc Anderson, el hombre del momento. Sale en todas las portadas de la prensa, está en cada noticia y por Internet circulan millones de rumores sobre usted. Déjame que la primera pregunta que le haga sea: ¿Por qué? ¿Por qué una entrevista?

Marc: ─entre risas─ Creo que eso es evidente. Solo quiero darle al mundo mi visión de los hechos. Saben mi nombre y saben supuestamente mi historia. Desconocen mis motivos y eso solo les lleva al odio.  

P: Entonces, ¿qué es, según usted, lo que hizo? Dice que no sabemos su historia, sáquenos de este desconcierto.  

M: Lo que hice fue un acto de fe. Dejé claro a quién debo lealtad en este mundo. A quién adoro y venero cada noche.─ desvía su vista la cielo─ No sé a qué viene tanto alboroto. Los cristianos, los musulmanes, los judíos, los budistas… todos tienen razones para justificar sus actos. ¿Por qué no he de tenerlos yo también?

P: Usted ha matado a cuatro personas. Esa es la diferencia. Pero cuénteme, ¿a quién adora? ¿Cuál es exactamente su religión?

M: Mi religión es la de muchos otros en este mundo: la Nellyana. ─ permanece en silencio,  nuestras miradas se encuentran. Ninguno la apartamos hasta que, tras unos segundos, él prosigue─  Si me va a preguntar por qué lo hice aquí tiene la respuesta: una noche, entre sueños, mi Diosa se apareció y me pidió un acto de fe. Me pidió un sacrificio lo suficiente grande como para satisfacerla.  

P: Prosiga. ¿Qué le llevó a pensar que aquel sueño era real?

M: Era evidente que no se trataba de un sueño. Mi Diosa me daba señales, me decía a quién debía escoger. Si no actuaba rápido pensaría que no le debo mi lealtad. Así que lo hice, cogí a esos cuatro hijos de las tinieblas y acabé con sus miserables vidas.

P: ¿Por qué cuatro?

M: Porque ELLA─ alza la voz  al referirse a su diosa─ me lo pidió. No hay que buscarle sentido a las cosas que pide.

P: ¿Qué fue lo que sintió al acabar con sus vidas?

M: ¿Conoce cómo acabé con ellos?─asiento ante su pregunta pero él parece no prestarme demasiada atención y continúa─ Los secuestré, conocía todos y cada uno de sus movimientos. Llevaba meses estudiándolos. Los llevé a aquel bosque, los desnudé y encendí la hoguera. Claro que ellos eran ajenos a mis movimientos ya que les había vendado los ojos, atado las manos y los pies. Recité las oraciones convenientes y me acerqué al primero, a Dan. Le quité la venda. Su cara de horror fue lo que me impulsó a hacerlo. Le agarré del pelo─ con sus manos realiza cada gesto que tuvo que hacer para asesinar a uno de aquellos hombres─, le corté la nariz y, acto seguido, le degollé sin darle tiempo a que entendiese lo que ocurría. Mis manos se mancharon de sangre y fue el mejor sentimiento que he experimentado en mi vida. Sentía que ELLA estaba a mi lado y aprobaba cada uno de mis actos. Estaba orgulloso, estoy orgulloso, de lo que hice. Por fin tiene lo que se merece…

P: ¿Qué pasó con el segundo? ¿Era consciente que tenían familia a las que cuidar?

M: Por supuesto─ su sonrisa se ensancha y suelta una carcajada─ De hecho creo recordad que ese tal Arthur estaba a tres semanas de  casarse. Sí, él fue el segundo. Lo arrastré frente a la hoguera y metí sus manos en el fuego, calcinándolas a un nivel inesperado. Mientras él gritaba de dolor le corté ambas orejas. Como soy benevolente, lo eché a las llamas para evitar que siguiese sufriendo mucho más. La Diosa me miró con buenos ojos en aquel momento, todo estaba saliendo a la perfección.

P: ¿Qué me dice de Edward? Su mujer estaba a punto de dar a luz.

M: Edward...─ se lleva la mano a la barbilla y la masajea durante unos segundos─ ¡Ah, sí! Lo recuerdo, a él fue a quien le saqué los ojos. Después también le degollé. Era así: al primero le cortaba el cuello, al segundo lo enviaba al fuego y repetía el proceso. El último, Peter, a él le cosí la boca y lo eché al fuego. Por fin estaba en paz. Por fin la Diosa tenía lo que quería y yo me vería recompensado.

P: ¿La recompensa es la cárcel?

M: No─ niega también con la cabeza─, mi recompensa llegará pronto. ELLA no dejará que sufra más de lo permitido. Pronto me llevará a sus cielos y podré descansar en paz para siempre.

P: ¿Cómo puede vivir sabiendo lo que ha hecho? Ha destrozado infinidad de vidas. ¿Eso es lo que su religión predica?─ como periodista, debo admitir que mi actitud no es la adecuada pero ver la pasividad y la tranquilidad (incluso el orgullo que había en su mirada) logra que me hierve la sangre─ Acabar con la vida de todos.

M: La vida es así. A veces te toca hacer cosas que pueden que vayan en contra de la creencia de otros pero hay que intentar llevarlos a todos a la verdad, por el buen camino. Si no es con la razón y el entendimiento será a través de la fuerza y la violencia. Créame cuando le digo que no es el primer sacrificio de la historia ni será el último.

P: Imponer una religión no es la forma más adecuada de llevarnos por el buen camino. ¿Cómo sabe que la suya es la verdadera?

M: Es lo que he conocido toda mi vida, ¿por qué iba a ser falsa?

P: Todo esto, ¿lo ha hecho para descansar en paz?

M: Por una parte sí. Por otra parte, no. Tengo motivos para hacerlo. Tengo motivos por el cual no huí de la policía. Todo el mundo conoce mi historia, ahora conocen mi religión y será entonces cuando ellos se unan a nosotros. Cada vez seremos más y no habrá quien nos pare. Solo es pura publicidad.  Mientras vosotros, los periodistas, sigáis dándole importancia a este hecho, yo y todos mis hermanos estaremos ganando la batalla.─ volvió al silencio. Sin apartar sus ojos de mí, se levantó e hizo una especie de reverencia─ Gracias por su tiempo, es un gusto que se interese por mi versión y que usted predique, de manera indirecta, mi religión.


Marc pide que le abran la puerta para marcharse y se despide una última vez más de mí, con esa sonrisa arrogante y un movimiento de su mano. Mientras yo permanezco unos minutos más allí, pensando en sus palabras y creyendo conveniente que lo mejor para todos sería quemar las grabaciones y mis apuntes para que esta entrevista jamás saliese a la luz. Mis debilidades por contarle al mundo lo que un asesino piensa y a frialdad con la que relata su historia, me lleva a replantearme mi cuestión inicial y caigo en la tentación. Soy consciente de que solo soy una pieza en este juego que publicando esto solo estoy consiguiendo lo que él quiere pero solo pretendo enseñar la verdad, su verdad.     

1 canciones:

Miss Coeur dijo...

Oye niña, ¿dónde has aprendido a escribir así de bien? Me das mucha envidia,, que lo sepas.

Publicar un comentario

Deja tu comentario. Será todo un placer ver tu opinión y lograrás sacarme una sonrisa. Pero recuerda, siempre con respeto por todos incluyéndome a mí, si quieres hacer alguna critica, adelante pero siempre con educación :)