Querido diario...

viernes, 28 de marzo de 2014


23 de abril de 2014
Querido Dario:

Hace mucho que no te escribo y sé que me echas de menos pero ¿qué le vamos a hacer? Mi vida es demasiado intensa como para detenerme un segundo a escribirte una carta.

La primavera  ya ha llegado y la sangre altera, eso se nota en mi clase... Todos los chicos andan detrás de mi con cara de embobados, haciéndome cumplidos y favores para que les haga caso. ¿Sabes lo que hago? Acepto todo esos halagos y ayudas y después sigo pasando de ellos. Pero, ¿se han visto? Son unos idiotas... si supieran que yo solo tengo ojos para uno, me dejarían en paz. 

¿Que como llevo mi situación? Mal, ya lo sabes. Él solo tiene ojos para ella y a mi me tiene apartada. Pero el otro día disfruté enormemente al ver la gran pelea que tuvieron, por un segundo creí que ella se iría para siempre de su lado y me tocaría a mi entrar en acción. Para mi desilusión, a las pocas horas, él volvió con un ramo de rosas y una cena increíblemente romántica... como la envidio, como la odio, todo mi sufrimiento por culpa de ella, si solo se fuese lejos de aquí... yo... él.. ya estaríamos juntos porque es evidente que siente algo por mí. No sabría decir qué exactamente, pero sus palabras y sus abrazos lo dicen todo. Más de una vez me ha susurrado un te quiero y mi corazón ha bailado de alegría al oír aquellas dos simples palabras que pueden cambiar el mundo pero aun espero un te amo por su parte. Sé que nunca llegará pero trato de contentarme con lo que tengo. 

Aunque... desearía que sus dulces manos recorriesen mi cuerpo entero, me llenaría de ilusión si sus labios se posasen sobre los míos por un segundo, solo pido una milésima de segundo... ¿es demasiado? ¿Acaso está bien esto que siento?

Lo he comentado con mis amigas, no abiertamente claro, y ninguna parece comprender lo que siento, incluso se extraña de que esto sea posible... Me verían como un bicho raro si les contase la verdad, por eso en aquel momento decidí callarme. Pero no va a durar para siempre, no puedo callarlo más. Quiero explotar, quiero gritarle a esa tía que sigue a su lado a pesar de todo, quiero abofetearla hasta más no poder y después quiero correr a sus brazo, a los de él, tal perfectos tan... únicos. Me odiaría... me odiaría si hiciese eso y yo no podría soportarlo.

Ayer, fue un día maravilloso. Me llevó a la playa, solo él y yo. Fue tan perfecto, dimos un paseo por la orilla mientras iba agarrada a su brazo, comimos helado, reímos y nos contamos lo que nos había ocurrido. Después, por la noche, le pedí que me arropase, que me cantara, como solía hacerlo. Y él... con esa sonrisa tan magnífica lo hizo sin rechistar y se despidió con un te quiero princesa. 

Lo que más odio de esta situación es que me veo obligada a llamarle padre y él me ve solo como a su hija... Lo que más odio es tener que llamarla madre y fingir que la amo solo porque me trajo al mundo. 

Se despide, tu querida Electra.

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Tenía muchas ganas de escribir este relato pero nunca he encontrado la forma de hacerlo... El sindrome de Electra... es el mismo que el de Edipo (el tipo que se casó con su madre y mató a su padre sin saber que eran ellos) pero ocurre con las mujeres. Realmente me he sentido extraña escribiendo este relato, pero era algo que quería hacer... :)

Nos vemos!^^ 

1 canciones:

Ana Isabel dijo...

Halaaa!!!!! :O
La verdad es que no sabía sobre este síndrome...

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