Entonces escuchó la ovación

jueves, 28 de febrero de 2013

Apaga la tele. No hay nada interesante en ella, solo un grupo de personas gritándose entre ellas por un nuevo cotilleo que ha salido en la portada de la revista más de moda.  Pero a ella eso le importa poco. La verdad que nunca había sido de cotilleo.

Se levanta del sofá  y sube rápidamente por las escaleras. Por fin llega a su cuarto rosa que está lleno de póster de su grupo favorito y en cada uno de ellos ha rodeado con un corazón a un componente de la banda. Se acerca a su mesita de noche donde reposa el libro que ahora se está leyendo y su Ipod, lo coge, se dirige a su armario y coge las zapatillas de ballet.


Vuelve a bajar las escaleras y se para justo en medio del salón medio vacío a causa de la reforma que están haciendo en él. Se sienta en el suelo y se pone sus zapatillas, luego enchufa su Ipod en el altavoz y pone la música lo más fuerte que puede. Una hermosa canción empieza a sonar y ella no puede evitar que en su rostro salga una sonrisa. Le encanta, no puede evitarlo, es música que le llena el alma.

Empieza a dejarse llevar por la música, los pasos que ya conoce los repite una y otra vez hasta que logra que le salgan perfecto. La música sigue sonando y ella sigue bailando, sin parar un solo instante a pesar que ya empieza a sentir dolor en los pies.

Eso es lo malo de ser una bailarina, los pies siempre están doloridos. Pero ella sabe que para conseguir su sueño tiene que sufrir, así que, a pesar de todo el dolor y las ampollas que hay en ellos, sigue bailando. No piensa parar y menos ahora que ya está consiguiendo mucho, más de lo que creía.
El primer día de clase no se veía capaz de hacer lo que las chicas de clases más avanzada hacían, pero poco a poco iba mejorando, incluso los profesores le decían que era la mejor de su clase. Las chicas que estaban con ella en la misma clase la miraban con desprecio y hacían todo lo posible para hacerla quedar mal. Pero ella solo quería estar con Javi, ese chico la ayudaba en todo y eran buenos amigos.
Ahora estaba de vacaciones, no podía esperar más a que el segundo curso en la academia de baile empezara. Este era el primer verano que odiaba, quería que acabara ya.

La música acabo y ella hizo una reverencia, entonces escuchó la ovación, la ovación de su público imaginario. 

Ya no eran niños

lunes, 25 de febrero de 2013

Las seis de la tarde, suena una musiquilla que proviene de su móvil que le obliga a abrir los ojos. Resopla y mete la cabeza entre las mantas. El móvil sigue sonando y alarga la mano hacia la mesita, tras varios intentos por hallar el móvil, lo encuentra, mira la pantalla para ver quien osa a interrumpir su siesta. “Mi amor”  Sonríe, es su novia, la única que lo molestaría sabiendo que está durmiendo, lo coge.

-¿Si? – dice con una voz casi inaudible, ya que sus cuerdas vocales aun no se habían despertado.

-Cariño…- se escucha la voz de su novia al otro lado del teléfono- ¿Podemos…podemos quedar ahora? Necesito verte.

La voz de la joven temblaba ante cada palabra que pronunciaba.

-¿Estás bien, cariño? ¿Qué ocurre?

-Te espero en el banco donde siempre nos sentamos.

Y tras eso colgó, él sabía que algo iba mal, y le pareció escuchar un sollozo antes de dejar de oír la voz de ella. Se levantó de la cama lo antes que pudo y se vistió en menos de un segundo.

-¡Me voy, mamá! ¡Volveré pronto!- gritó el chico.

-¡Está bien, no tardes!- gritó la madre desde la cocina donde ya preparaba la cena.

Cerró la puerta tras de sí y comenzó a caminar, miró el cielo que amenazaba tormenta. Sus manos estaban congeladas así que se las metió en los bolsillos del pantalón. Por fin, vio la silueta de su chica sentada en el banco favorito de ambos. Allí habían compartido besos, abrazos, peleas, todo, toda su historia estaba en aquel banco.

-Hola, mi amor- le dio un beso fugaz en los labios- ¿Qué ocurre? ¿Por qué estas tan triste?


-Cariño…- la chica comenzó a llorar y abrazó a su chico- ¡Oh! No sé qué hacer, estoy tan preocupada.

-Tranquila- dijo él separándola para mirarle a los ojos- Cuéntame lo que pasa, seguro que tiene solución.

-Es que… esto… estoy…- el chico la miraba con algo de impacienta pero eso en su rostro no se reflejaba. La chica inspiró y dijo- Estoy embarazada.

Esas dos palabras hicieron que a él se le cayera el mundo encima. ¿Cómo era posible? Dos chiquillos de 16 años siendo ya padres. No podía ser. Claro, que para algunas veces uno es muy mayor y para otras es aun un crío. El chico miró a su novia que temblaba como un flan a causa del miedo. El joven no sabía qué hacer pero aun así la abrazó mostrandole su apoyo.

-Tranquila, todo se solucionará. Buscaremos alguna forma de arreglarlo.

Pero él sabía que aquello no tenía arreglo. Se quedaron un rato más mirando la ciudad que se rendía ante sus pies. Ya no eran niños y no lo serían nunca más. 

La nieve comenzó a caer lentamente sobre sus cabezas pero a ellos no les importaba.  

Hola, Caperucita

domingo, 24 de febrero de 2013



-Hola, Caperucita. ¿A dónde vas tú tan sola? – dijo el lobo que vestía de cordero y se acercó más a ella.

-A casa de mi abuelita. Lo siento no debería estar hablando con un desconocido- dijo Caperucita, alejándose de aquel lobo que parecía un cordero.

-Pero, este viejo bosque está lleno de cosas malas. ¿No prefieres que te acompañe y así poder protegerte?
Caperucita pareció dudar.

-Venga. Mira que ojos más bonitos tienes, cualquier lobo se enamoraría de ellos.

Caperucita lo miró, con aquel disfraz no parecía nada aterrador. Quizás le podía ayudar a llevar las cosas donde su abuelita.  

-Está bien, pero debes mantener las distancias.

El lobo comenzó a caminar a su lado.

-¿Sabes?, con esos labios tan hermosos a cualquiera le gustaría besarte- dijo el lobo con cierta malicia, Caperucita no contestó y el lobo prosiguió- ¿A cuánto queda la casa de tu abuelita?

-Está en el corazón del bosque, junto al río.

 -Que lejos. ¿Y cómo es que tu madre te deja ir por el bosque sola?

-Porque confía en mí. Sabe que ante cualquier peligro me puedo defender.

Caperucita lo miró sonriendo y a éste se le rompió un cacho de su corazón de lobo. Su mirada era tan dulce, que incluso los ojos del lobo la imitaron.

Siguieron en silencio una rato más de viaje. Y el lobo buscaba el calor de la mano de ella, pero ella se alejaba siempre muy bruscamente. ¡Qué pena! Si Caperucita hubiera mirado a su acompañante, hubiera visto algo que la hubiera sorprendido.

El corazón del lobo seguía latiendo deprisa cada vez que miraba a la dulce y pequeña Caperucita. Pero sabía que lo que sentía nunca llegaría a funcionar.
Ya llegaban a su destino, Caperucita se paró y su acompañante lo hizo también. Ella le miró y se asombro de lo que vio.

-¿Qué… qué te ha pasado, mi dulce lobo?

-Que me he convertido en cordero, Caperucita. Cada vez que te miraba, un cachito de mi corazón se rompía y era sustituido por un cachito de corazón de cordero. Tengo que decir, que me he convertido en esto solo por ti, porque me he enamorado de ti, de tus ojos y de tus labios, de tus orejas y de tu pelo.

Caperucita miró al lobo con dulzura, lo había hecho por ella. Si se hubiera alejado no se hubiera convertido en lo que era ahora y todo por ella.  

Quién juega con fuego acaba quemándose

sábado, 23 de febrero de 2013

Se miraba las manos temblorosas y sonreía. No podía describir aquella sensación que sentía, pero le gustaba, y mucho. No era normal aquello, pero él siempre supo que era diferente, que no era como los demás. Y de hecho así era. Se encontraba en la terraza del edificio más alto de su ciudad y contemplaba las vistas.

No sabía lo que sentía al contemplar aquello, pero una explosión en su pecho había comenzado y era imparable, le encantaba esa nueva sensación, tan salvaje, tan libre. Sentía que el mundo era suyo que no había nada más importante que él, que tenía en sus manos la capacidad de aplastar el mundo. 
Un sonido se escuchó a lo lejos y el joven prestó atención. Era el sonido de los bomberos.              

‹‹ ¡Qué pena! ››  pensó.

Empezó a bajar las escaleras del edificio y fue lo más rápido que pudo hacia el sitio donde los bomberos se habían parado. Una vez allí se mezcló con la gente que iba aun en pijama.


-¿Qué ha pasado?- preguntó el muchacho a una mujer mayor que estaba enrollada en su bata y mirando horrorizada la casa que se quemaba.

-Han incendiado esa casa. Pero no ha sido un accidente.

El joven le dio las gracias por la información y se marchó con una sonrisa en sus labios. Su primer incendio, su primer incendio de tantos que haría. Le hacía sentirse bien y lo seguiría haciendo, aquella sensación le gustaba. Pobre ingenuo, no sabe que quién juega con fuego acaba quemándose… y así sucedió. 

¿Sabes lo que es?



¿Sabes lo que es estar más de dos horas hablando de lo mismo con una persona? Y no, no me cansa. Es simplemente genial, compartir todo lo que piensas con esa persona y que no te mire diciendo ¿y está loca de que va?  Me siento muy afortunada, y solo pensar que he estado tanto tiempo sin conocer a esa persona, tanto tiempo desperdiciado con gente que no me entendía que me hacía sentir como… como si estuviera loca. Ya no es solo los gustos que comparto con esa persona, ya prácticamente solemos pensar lo mismo. Nuestras miradas de complicidad  lo dicen todo de nosotros dos. No recuerdo reírme con nadie tanto como lo hago con esta persona.


Me siento afortunada, me has demostrado que mi alma gemela no tiene por qué ser mi príncipe azul, una simple amiga puede ser perfectamente tu alma gemela, y eso es lo que eres. (al menos para mí) En este poquito tiempo que hemos pasado juntas, me has contado todo lo que te ronda la cabeza, todo lo que te preocupa y todo lo que adoras. Yo, aunque he tardado algo más, he hecho lo mismo y tú has comentado todo sin cortarte un pelo, diciendo lo que piensas. ‹‹Pues ese chico no me gusta, en serio no sé cómo te “enamoraste” de él ››

Tú no eres como mi mejor amiga, a la cual aprecio mucho, eres más .Como ya he dicho antes, mi alma gemela. Como nunca se expresar cosas por medio de conversaciones directas, te lo digo con las mejores de mis palabras, todo esto me ha salido de corazón y no pienso otra cosa diferente, ni soy pelota como otras personas. Tú me enseñas, ya que eres mayor que yo (pero no tanto), y has pasado por experiencias que no todo el mundo conoce. Algo nos une y creo que aunque pasemos años sin vernos (que espero que no sea así) no podría olvidar a la que me apodo con el nombre de “hadita”
Hoy en sustitución a una historia que no ocurrió, escribo una historia que está en el presente, en estos precisos momentos, minutos y segundos, porque me ayudas sin saberlo y aunque siempre este con una sonrisa en mi cara, los días que estoy de peor humor consigues que se me olvide todo. Muchas Gracias, mi harrypotiense. Into my mental chaos

No te encuentro

martes, 19 de febrero de 2013

Últimamente no te encuentro, por mucho que te busque no te encuentro.  ¿Por qué te has ido así sin más? Y lo que más me preocupa ¿a dónde?  Te has ido sin avisar y me has dejado sola, sin nada que hacer y sin nada en lo que pensar. Porque contigo me lo pasaba tan bien, contigo era todo más fácil y la vida no se veía tan difícil. Tú hacías que mis palabras pareciesen oro y que el ritmo del teclado se convirtiera en música. Tú hacías que de la nada apareciese un brote de una semilla, la regabas y la cuidabas hasta que se convertía en un árbol.

Has acompañado a tantas personas que ahora dudo si debo merecerte o no, porque eres más importante de lo que pensé.  Eres vida y muerte, me condenas a vivir en un sueño eterno que nunca acaba. Me recuerdas tantas cosas que no he vivido, incluso personas que nunca he conocido. ¿Cómo lo haces? Sin ti no soy nada, solo una niña más perdida en este mundo, sin rumbo y sin lugar donde cobijarme.

Ahora que no estás, he buscado alternativas, créeme lo he intentado, pero ninguna ha dado resultado. Con una no me sentía a gusto, me enseñaba cosas que no entendía y me obligaba a ver la vida de distinta forma, era fría y calculadora, todo estaba ordenado y etiquetado… Como comprenderás no duré mucho. Empecé un caos enorme, odiaba que todas las cosas tuvieran solución y los problemas se resolvieran con solo un par de números. Con otra no estaba del todo incomoda, aunque me enseñaba otra vida completamente distinta, era manipuladora y egoísta, no me gustaba eso, tú no eres así, ni de lejos...así que en menos de un segundo estaba lejos de ellos. Ya no sé qué hacer, la desesperación empieza a crecer en mi interior. Espero encontrarte pronto porque no podré aguantar otro día más sin ti.

Por favor vuelve, vuelve y me harás la persona más feliz del mundo… Así que donde quiera que estés vuelve, Inspiración…

La Ruleta Rusa

domingo, 17 de febrero de 2013


-Venga tu primero- dijo mi amigo mientras me pasaba lo que tenía a su lado- No tengas miedo, solo me tienes que apuntar, hacer la cuenta atrás y disparar y si no pasa nada, se la pasas al siguiente.

Estábamos todos los chicos sentados en el suelo en círculos y nos mirábamos los unos a otros algo confusos y excitados. No sé como habíamos llegado hasta aquel punto de estar jugando a eso que llamaban la Ruleta Rusa, de un modo extraño ya que en la verdadera te apuntas a ti mismo y no a tus amigos pero de alguna manera estábamos allí y no había vuelta atrás. La casa abandonada del pueblo resultaba ser el lugar perfecto, sin gente y sin posibles curiosos.  Estaba muy nervioso, mis manos que sostenían la pistola apuntaban a mi mejor amigo, respiré profundo.  Mi amigo me miraba con una sonrisa en la cara incitándome a dispararle.

-3…2…1…

Apreté el gatillo y… nada. Abrí los ojos y suspiré tranquilo, se la pasé a mi compañero que apuntó al del frente.

-3…2…1…

Nada, siguiente.

-3…2…1

Nada, siguiente. Mi mejor amigo la cogió con sumo cuidado y me apuntó. Estaba nervioso ya solo quedábamos tres y yo tenía la posibilidad de morir. No quería ver aquello, suspiré, sonreí a mi amigo dándole mi apoyo y cerré los ojos. Empezó la cuenta atrás.

-3…2…1…

Nada.                                                                          
.
.
.

Sentí un dolor en el pecho y abrí los ojos, mis amigos se encontraban alrededor mío, gritando mi nombre y tratando de que la sangre dejara de salir de mi cuerpo. No entendía muy bien lo que estaba ocurriendo. Levanté un poco la cabeza para buscar a mi amigo y allí estaba, de pie, mirando mi cuerpo tumbado en el suelo y con lágrimas en los ojos. Quise gritar, correr y consolarle, decirle que todo estaría bien, pero no podía moverme. No podía hacer nada. Antes de cerrar los ojos por el cansancio que sentía, vi como mi amigo se acercaba a mí y lloraba, yo solo pude mover los labios y articular un leve “no fue tu culpa”. Le sonreí, ¿cómo un juego puede matar? Solo éramos una panda de críos con un arma poderosa en nuestras manos y pensábamos que sería divertido jugar a ser Dios, pero solo uno moriría y tuve que ser yo, así el destino lo quiso. Así que cerré los ojos para no abrirlos nunca más.
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Inspirado en: Russian Roulette 


Mi chaqueta

sábado, 16 de febrero de 2013

Era un catorce de febrero a las seis de la tarde, la música sonaba mientras  los  grupos de adolecentes bailaban  alocadamente. No se permitía alcohol en aquella fiesta de instituto pero, como siempre, el macarra del insti había echado unas gotas de aquel licor prohibido en el ponche y todos estaban a mitad de camino de llegar a la borrachera o como ellos dicen estaban “contentos”. Todos lo estaban menos nosotros tres.

Ella saltaba al ritmo de la música, su vestido rojo la acompañaba en aquella forma de bailar, al igual que mi chaqueta que reposaba en sus hombros, le quedaba bien. Yo la miraba con esa cara que solo se me pone cuando la veo a ella. Mi amigo saltaba también al ritmo de la música, riéndose con ella y gritando.  Después de un rato yo me uní a ellos.  Estábamos felices y aquella canción nos animó aun más. Pero al acabar pusieron una romántica e instantáneamente todas las parejas se juntaron y empezaron a bailar pegados, nosotros tres nos miramos.

-¿Pero qué mierda de música es esa? ¡Estamos aquí para divertirnos!- grito ella al chico que cambiaba las canciones.

Un profesor la miró con una mirada de desaprobación y ella, como siempre, reía.  Nos alejamos de la pista de baile esperando nuestra oportunidad para volver a ella.

-¿Os he dicho ya que odio San Valentín?- mi amigo y yo la miramos  y ella nos dedicó una sonrisa- En serio, solo es un día más. ¿Por qué hoy es diferente?  ¿No se supone que tenemos que mostrarle el amor que sentimos hacia nuestra pareja todos los días?

Mi amigo asintió apoyando lo que acababa de decir ella y después de pensar  habló.

-Es cierto, pero hoy es el día de los enamorados… es decir, que hoy es el día perfecto para declararse a alguien ¿no crees, Edward?


Yo los miré sin saber que decir, estaba de acuerdo con mi amigo pero no podía decirlo delante de
ella. De repente, cuando me disponía a decir algo sobre el tema, la música cambió dejando paso a una canción movida, de esas que tanto nos gustan, y sin dudarlo mis dos amigos se fueron a bailar, yo les dije que iría enseguida. Y allí me quedé, mirando como lo más hermoso que había visto nunca bailaba sin parar, dando saltos y pareciendo estar más “contenta” que todos lo que estaban en la sala. ‹‹Hoy es el día perfecto para declararse a alguien ¿no crees, Edward?›› Las palabras de mi amigo resonaban en mi cabeza. Él sabía lo que me pasaba con ella y por eso había dicho esas palabras, él creía que aquel momento era perfecto y es cierto, es el día perfecto para declararse. Así que sin pensarlo ni un segundo más me acerque a ella. A la chica de rojo que, a pesar del calor que hacía allí dentro, aun llevaba mi chaqueta puesta. 

A veces

miércoles, 13 de febrero de 2013


El agua caía sobre mi cabeza y, en cierta forma, eso me relajaba. Pensaba en el día de hoy mientras las gotas caían velozmente por la mampara. A veces me odio, por ser como soy, por no ser capaz de hablar con alguien desconocido. A veces me odio por tener esas malas contestaciones que me salen de forma natural. A veces me oído por no poder expresar mis sentimientos tan fácilmente como otros… Pero a pesar de todo eso, a veces me quiero, por ser como soy, por ser tímida y esperar a que sea el otro quién hable primero. A veces me quiero por mirarme al espejo y sonreír y pensar “que guapa estoy hoy”. A veces me quiero por ser capaz de conseguir algo que parecía imposible.
A veces pienso en la suerte que tengo y otras veces me maldigo por lo difícil que resultan las cosas.

Cierro el grifo y me lío una toalla al cuerpo, ¡qué bien sienta pensar! Hoy he descubierto algo más. Y es que a veces soy, como tengo que ser. 

Debía

viernes, 8 de febrero de 2013


Anna está sentada junto a la ventana y mira al exterior. No había nadie más en la habitación, estaba sentada al final de la clase con un libro entre sus manos. Miraba como los chicos jugaban a todo tipo de juegos, luego volvió la vista a su libro, sí… era interesante pero no podía concentrarse. Ella debía estar jugando con aquellos chicos, debía estar sentada con esas chicas que reían tontamente sobre cualquier comentario que hacían sobre el chico atractivo que jugaba al baloncesto sin camiseta. Lo conocía, su sonrisa, su mirada a veces divertida y otras serias. Su pelo negro, que caía suavemente sobre su cara y esa nariz que era fina y alargada y hacia que tuviera un perfil perfecto.

Todos estaban alrededor de él celebrando el triple que había marcado y que los convertían en campeones. Él sonrió a sus compañeros y luego miró hacia la ventana desde donde Anna estaba observando la escena. Ella se escondió para intentar que no la viera pero ya era demasiado tarde, sus ojos habían chocado con los suyos. El chico les dijo algo a sus compañeros y echó a andar hacia el interior del edificio. La chica alejó cualquier pensamiento extraño y continuó con su lectura. Solo había pasado unos minutos cuando la puerta se abrió y unos ojos azules miraban a Anna.

-¿Se puede?- dijo el chico con una sonrisa.

Anna le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza. Él entró, ya se había puesto una camiseta blanca de manga corta. Cogió una silla y la colocó con el respaldo mirando hacia Anna y se sentó.

-¿Qué tal va la lectura?

-Bien… ¿Qué haces aquí, Héctor? ¿Por qué no estás con tus amigos?- dijo sin más rodeos dedicándole una media sonrisa.

-No sé, me apetecía estar aquí. Y ¿dónde están tus… amigas? Por así decirlo.

-Abajo… espera ¿cómo que por así decirlo? Son mis amigas ¿no?

-No lo creo ¿acaso están aquí haciéndote compañía? ¿Te ayudan en algo? Para mí que eso no son amigas.

-Bueno, solo son compañeras… Ellas creen que soy un bicho raro… pero no ven la verdad.

-Yo sí, bueno, al menos lo intento, debe ser difícil y más sin amigos de verdad. Por eso estoy aquí.
Anna sonrió y lo observó con atención, quería descubrir si había algo oculto que hacía que estuviera allí, como una apuesta. Héctor le leyó el pensamiento.

-No, Anna. No pienses que estoy aquí por obligación o algo por el estilo. Solo que me apetece estar aquí contigo. Sabes… yo tampoco tengo amigos- Anna miró a los chicos que seguían jugando al baloncesto- Ninguno de ellos son mis amigos, solo están conmigo por conveniencia… Por eso quiero proponerte algo.

Anna lo miró con intriga y divertida, Héctor le sonreía apoyado sus manos en el respaldo de la silla.

-Quiero que seamos amigos. Así podemos contarnos nuestros problemas y saber que siempre tenemos a alguien en quien apoyarnos cuando nos caemos- Anna miró al suelo- Y bien… ¿qué dices?

-¿De verdad quieres ser mi amigo?

Héctor sonrió y asintió enérgicamente, entonces Anna supo que lo que decía, lo decía de verdad y en ese momento se sintió la persona más feliz del mundo.

-Está bien. Seamos amigos.

-¡Guay!- dijo Héctor levantándose de la silla- ¿Quieres que vayamos ya a música para evitarnos problemas en los pasillos?

Anna asintió y puso su mochila en sus piernas. Héctor se acercó a ella y empezó a empujar la silla de ruedas de Anna, y así entre risas y comentarios salieron hacia la clase de música. 

Lejos de la muerte

jueves, 7 de febrero de 2013

-¡Mira mami! Una mariplosa.

-Sí, muy bonita cariño. Vámonos que tu padre estará preocupado.

La mujer cogió la mano del niño y empezó a caminar mientras el pequeño miraba a todos lados sonriendo, sin saber que su madre estaba muy angustiada y preocupada.
Por fin llegaron a casa y la madre le dijo a su hijo que siguiera jugando arriba. El niño empezó a subir los escalones lentamente pero un grito de su padre logró detenerlo a mitad de camino. Escuchó atentamente.

-¿Por qué has tardado tanto?- gritó un hombre con voz grave.

-Ya te lo he dicho, tardamos más porque nos distrajimos- dijo la mujer muy tranquilamente.

-¡Ah, ya sé lo que pasa! Te estás viendo con otro ¿no es así?- la mujer no contesto y una bofetada resonó por toda la casa.

-¡No te atrevas a ponerme otra vez la mano encima o si no…!

-¿O si no qué? ¿Qué piensas hacer?

-Me iré con mi hijo y te denunciaré por lo que llevas haciendo años.

-Hazlo. Hazlo si te atreves pero te juro que si lo haces estarás cavando tu propia tumba.

La mujer salió corriendo, cogió a su hijo que lo esperaba sentado en la escalera, salió de la casa y se dirigió a su coche.

-¿Qué le pasa a papá, mamá?

-Tu padre es muy malo, mi vida- dijo la mujer llorando-No lo volverás a ver.

….

No podía creer que estuviera allí, once años más tarde de aquel día. Esto no podía estar pasándole. Sus lágrimas caían, no solo por la tristeza que sentía hacia la pérdida de su madre sino también por la ira que sentía hacia el asesino de ésta, el hombre al que tiempo atrás le había llamado papá.

-Cuida de su alma, señor, guíala hasta que esté sentada a tu lado y llénala de la mayor felicidad que aquí no ha sabido conseguir. Sentimos su pérdida y más porque no era su turno aún. Rezaremos por ella. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén.

-Amén.

La gente empezó a marcharse, dándole el pésame al joven de dieciséis años que lloraba en su interior. Cuando se quedó solo, se acercó a la tumba de su madre.

-Te juro que si encuentro a ese hombre, le haré sufrir por lo que ha hecho…

-¿Llego tarde?

La voz grave de un hombre le heló la sangre al muchacho. Se dio lentamente la vuelta y… allí estaba, su padre el asesino.

El chico se acercó a él y le pegó un puñetazo en la cara, tan fuerte, que al hombre le empezó a sangrar la nariz.

-¿Quieres matarme o qué?- dijo algo enfadado, el chico no apartó la vista del hombre- ¡Oh, ya veo! Quieres convertirte en un asesino como tu padre.

-No, esto no será un crimen más bien un sacrificio. Te lo mereces por hacerle esto a mi madre.
-¿A quién? ¿A esa guarra?

El chico no se contuvo  más, ya habían hablado bastante. Una pelea comenzó y claramente se veía quién tenía ventaja, el joven ya había tumbado a su padre y estaba sentado encima de él pegándole puñetazos. El hombre trató de gritar, de pedir ayuda pero dejó de intentarlo. Ese era su castigo, el peor que podía imaginar. Su hijo, su propio hijo lo iba a matar, enseguida se arrepintió de todo lo que había hecho, solo cuando temía por su vida se arrepintió. Cerró los ojos con miedo pero dispuesto a morir. De pronto los golpes cesaron. Y él abrió los ojos, su hijo había parado, estaba agotado pero podía haber seguido pegándole con mucho gusto. Miró a su padre y, jadeando, habló:

-No quiero ser como tú, no quiero verme ciego por la ira. No, no cometeré el mismo error que tú… Si no quieres eso o si alguna vez me quisiste, te pido que te entregues tú mismo a la policía, admitiendo que fuiste tú quien la mató.

-Lo… lo… haré.

Y empezó a correr, volvió la vista atrás justo a tiempo para ver como su hijo se derrumbaba llorando enfrente de la tumba de su madre. Él era un cobarde, pegaba a su mujer para negarlo, para estar seguro de su fuerza pero cuando su vida corría peligro se iba con el rabo entre las piernas y esta vez lo hizo también. Pensó que la cárcel sería un lugar seguro, lejos de su hijo, lejos de la muerte… Ingenuo.