Tus mejillas y mis cielos rosas

martes, 23 de octubre de 2012


La noche se había colado en el oscuro cielo parisino y una mente inquieta acariciaba sus recuerdos.

La brisa  suave y helada se enfrentaba sin fuerzas a los cristales del piso de Marc, un profesor de instituto nacido en Montpellier. Siempre había trabajado en su ciudad pero las circunstancias y la situación económica lo movieron hasta la capital francesa. Pensaba que todo iba a ser un horror, debía dar clase a adolescentes con hormonas enloquecidas, con malas contestaciones, malas caras y sin mucho ánimo de estudio; el año sería una tortura.

     En parte lo resultó, pero no por los adolescentes, que resultaron ser encantadores y se formó una relación muy estrecha entre ellos, sino por una adolescente en concreto: Laureen.
     Era una noche fría que amenazaba con mojar las calles de París. Encendió el ordenador y tecleó. 'Correo electrónico'. Cargando... 'Bandeja de entrada; correos recibidos; Trabajo sobre el comportamiento humano en sociedad por Laureen Leblanc". Click.
Se imaginaba su voz dulce pensando qué iba a poner exactamente en aquel trabajo, sus dedos finos y sus uñas decoradas por el color de moda acariciando el teclado, sus ojos azules leyendo las líneas en frente de la pantalla, y su imaginación empezó a ir más allá, empezó a no pensar que era una niña y se detuvo.
   ¿En qué piensas? Estás loco...
Atrás. Click. 'Redactar'. 

 Hey! ¿Qué tal las vacaciones de Navidad? ¿Todo bien? Yo algo aburrido, la verdad. Os echo de menos... a todos. Me empezaba a gustar eso de regañaros y mandaros trabajos, jajaja. Bueno, besotes para todos preciosa, cuídate. '

   'Enviar'. Miró por la ventana empañada y vio una luz rosácea asomar por el horizonte. Se imaginó a la adolescente detrás de la pantalla una vez más, pero esta vez leyendo el correo y adivinando que sólo se había acordado de ella esas navidades, se imaginó sus mejillas rosas como el amanecer. Tus mejillas y mis cielos rosas.
En realidad quería decirle que la echaba de menos, sólo a ella.

Escrito por una amiga mía, Cynthia, sigue escribiendo porque merece la pena.