Te quiero

miércoles, 29 de noviembre de 2017



Salí del apartamento, cerrando la puerta con llave. Me detuve delante del ascensor y sacudí la cabeza. Vivía en un tercero, podía bajar por las escaleras y sin morirme (como muchos afirmaban). 

El ejercicio era fundamental en el día a día. No iba al gimnasio pero sí intentaba mantenerme activo. A veces salía con mis amigos a correr o jugábamos al vóley en la playa.

Saludé a la vecina del segundo a la que se le veía un poco apurada; sus mejillas estaban enrojecidas y se veía sumamente adorable en ese vestidito tan colorido. La acompañaba su pequeño perro que se acercó a mí moviendo su cola. Lo acaricié hasta que su dueña se disculpó y se marchó.

El aire de la calle era cálido. El verano empezaba a llegar y, a mí, me encantaba. El ambiente era único…

Cogí el móvil y miré el último mensaje que me mandó ella. Una sonrisa apareció en mi rostro; le gustaba jugar conmigo, con mis sentimientos. Yo no la creía. Sabía que no lo decía de verdad, que realmente me quería.

Jugueteo con las llaves y me monté en el autobús que acababa de llegar. Hacía un día bonito como para desperdiciarlo en el coche, atrapado en un atasco.

Quería llegar a mi destino. Sabía que era bueno disfrutar del camino pero como llegase un minuto tarde, no tendría ninguna oportunidad.

Noté unos ojos sobre mí. Un bebé me observaba con curiosidad desde los brazos de su madre. Le sonreí y le hice una mueca graciosa que logró sacarle una sonrisa.  

Pulsé el botón de la parada y esperé, mirando por la puerta de cristal. Mi corazón casi me dio un vuelco al confundir aquella joven con ella. Se parecían bastante pero la desconocida iba agarrada de la mano de otro hombre.

Cuando pude salir, comencé a correr calle abajo, estaba cerca. Unos pasos más y estaría delante de su portal.

Alguien salía en ese momento, me abalancé para impedir que la puerta se cerrase. Le di las gracias al señor mayor que la había sostenido al ver mis señales.

Entré. Subí con rapidez por las escaleras. Primer piso. Segundo piso. Miré los números de las puertas hasta llegar a la suya.

Pegué con insistencia. No abría, sin embargo, sabía que estaba dentro. A esa hora aun no se había marchado.

─ Sé que estás dentro.─ Nada, seguía sin abrir─. No me ignores. Tengo las llaves.

Volvía pegar con la palma de la mano mientras que con la otra buscaba las llaves de su apartamento que ella misma me dio.

─ Vete.─ Escuché su voz lejana─. Ya hemos hablado de todo lo que teníamos que hablar.

─ Pero yo no.

Tenía que controlar la situación, hacer que escuchase mis palabras para que así pudiera entender mi parte también. Encontré la llave y abrí la puerta. La vi allí sentada en el sofá, intentando desaparecer. Pero no, aquella falda que se veía más pierna de la debida y aquella blusa que apenas dejaba volver la imaginación lo impedían. Debía aprender a vestirse de una vez.

─ No te voy a dejar ir.─  Dejé las llaves sobre la mesita. Debía centrarme a lo que había venido─. Te quiero a ti y a nadie más…

─ Yo n… ─ Ella se levantó y dio un paso hacia atrás.

─ Solo escucha, ¿quieres?─ la corté alzando la mano, no importaba su opinión en ese instante─. Sé que no lo entiendes, que es confuso pero ha llegado un punto donde me da igual todo. Ya no tengo nada que perder.

─ No te quiero─ logró decir mientras volvía a dar un paso hacia atrás. Quería alejarse de mí porque sabía que si me tenía cerca, no podría resistirse a mis encantos.

─ ¿Qué no quieres? Claro, ahora dirás que nunca me quisiste, ¿no? ¡Qué hija de puta!─ Resopló y puse mis brazos en jarra.  Siempre había sido una mentiros y una manipuladora.

─ No, yo…─ Su cuerpo había chocado contra la pared.

─ Estoy cansado de todo esto. ¿Por qué no puede ser todo más sencillo? Yo te quiero solo a ti.

Me acerqué a ella y la tomé por los hombros. De esa forma no tendría escapatoria alguna. De esa manera me diría que sí porque vería que seguía siendo el mismo tonto que la quería.

─ Pero…─ pudo decir, vi un par de lágrimas asomarse por sus ojos. Estaba emocionada.

─ Te quiero solo a ti─ remarqué aquellas palabras─. Y si no puedo tenerte… nadie lo hará.  

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